sábado, 15 de agosto de 2026

Miel para el camino


Hace una semana, Edmundo y yo estuvimos de aniversario. Me puse a hurgar en mi baúl de recuerdos y encontré la invitación de nuestra boda junto al souvenir que era un frasco de miel con el texto de Génesis 43:11: “Entonces Israel, su padre, les respondió: '¡Adelante! Pongan en sus sacos de lo mejor que tenemos, y llévenle a ese hombre un regalo: un poco de bálsamo, un poco de miel, aromas, mirra, nueces y almendras'.” Ese texto me hizo reflexionar. 

Los hermanos de José habían ido a Egipto a comprar alimentos. En aquel viaje, Simeón fue encarcelado y José, quien era gobernador de Egipto y cuyos hermanos no le reconocían, les hizo traer a su hermano menor, en tanto que Simeón quedaba en prisión. Cuando la provisión de alimentos se les agotó, el mismo Jacob les ordenó regresar con Benjamín y les dio algunos regalos para ofrecerle al gobernador. “Pongan en sus sacos de lo mejor que tenemos, y llévenle a ese hombre un regalo: un poco de bálsamo, un poco de miel, aromas, mirra, nueces y almendras”(Génesis 43:11).

Aquellos hombres debían recorrer un largo camino. La vida es un camino por el cual pasamos solo una vez. Cada momento es una oportunidad que Dios nos da y hay que vivirlo apasionadamente. 

Para poder disfrutar el camino, hay que hacerlo sin prisas ni pausas. Es cierto que queremos llegar a la meta, pero si corremos, dejaremos de contemplar los detalles que hay a nuestro alrededor. ¿Cuál es la prisa por llegar, si hay un mundo que disfrutar? El camino es una invitación a seguir; no nos podemos detener. Si has decidido caminar, tienes que avanzar aunque encuentres dificultades. Mientras Jesús esté a tu lado, ningún camino será imposible.

Uno de los regalos que llevaban al gobernador era miel. La miel es dulzura. Un poquito de miel puede endulzar los días más tristes y amargos. Con tanta razón el salmista escribió que la Palabra de Dios “es más dulce que la miel que destila del panal” (Salmos 19:10). 

A nuestro mundo le falta un poco de miel. La miel no es solo un alimento; tiene muchos usos: sirve para cicatrizar heridas, curar úlceras, hidratar y suavizar la piel y, claro está, como elixir de la vida. Cuando en el camino de la vida surja la irritación o el cansancio, ponte un poco de miel y las cosas cambiarán.

¡Que Dios ilumine tu camino y que endulces tus días con la miel que destila del panal!

sábado, 29 de noviembre de 2025

El jardín de mi corazón

Mientras limpiaba el jardín me concentré en arrancar las malezas que habían crecido entre las plantas. Quienes me conocen saben que soy amante de las plantas, y que he aprendido de ellas lecciones muy valiosas. Si te gustaría descubrir algunas de ellas, te invito a ha seguir leyendo aquí.

Al desyerbar, conversaba con Dios y recordé parábola del trigo y la cizaña. Y aunque las malezas que estaba arrancando no se parecían en nada a las plantas que ya estaban sembradas, algunas de ellas estaban tan, pero tan enraizadas, que se hacía muy difícil arrancarlas. Con el áspero movimiento para sacarlas de raíz, parecía como si también se levantaran las plantas que estaban sembradas. De hecho, algunas tenían raíces tan profundas que ni siquiera usando una pequeña pala pude sacarlas por completo. Tuve que conformarme con cortar los tallos.

Aquellas malezas con raíces tan profundas me hicieron reflexionar en cómo el pecado se puede enraizar en nuestro corazón: la envidia, la vanidad, la pereza, la falta de compromiso con Dios, nuestro amor por las cosas del mundo... Todo esto puede echar raíces tan, pero tan profundas que, arrancarlas sería un gran ejercicio. Otras eran enredaderas, malezas trepadoras que se habían apoderado de las plantas. Hay quienes en sus relaciones son como esas malezas: se acercan a otros para aprovecharse de ellos.

Le pido a Jesús que sea el jardinero de mi corazón, que con manos más fuertes saque desde la raíz la maleza; arranque la amargura y siembre buena semilla, que su Palabra eche raíz en lo profundo de mi corazón; que prepare el terreno para que dé muchos frutos; y que los frutos que produzca puedan ser para salvación. Que me convierta en un árbol cuyos frutos y sombra sean deseables para los demás. 

¿Te gustaría que Jesús hiciera lo mismo en tu corazón? Si así lo deseas escribe “Amén” pon un emoji de una planta o una fruta de esas que te encanta comer. 

Que Jesús, el mejor de todos los jardineros, limpie el jardín de su corazón.

viernes, 27 de junio de 2025

¿Qué estás guardando en el garaje de tu corazón?

Hace unos días estaba bregando desesperadamente con unos moscas de la fruta (también conocidas como mimes) dentro de mi casa.

La primera medida que tomé para deshacerme de los insoportables insectos fue mover el zafacón de la cocina al garaje, pero los mimes seguían entrando a la casa. Entraban al baño de la habitación principal, se colaban a la cocina, ¡incluso en la nevera! 

La situación me tenía hastiada. Hubo un momento en el que deseé abandonar la casa y dejársela a las moscas. En ese momento me sentí como una egipcia recibiendo las siete plagas… ¡Qué desesperante!

Dediqué horas a leer y ver videos sobre cómo eliminar los mimes e hice todo lo que estuvo a mi alcance: lavar las tuberías del desagüe, limpiar la nevera de forma exhaustiva, colocar hojas de menta y de laurel para ahuyentarlos; pero nada parecía acabar con los fastidiosos insectos. 

Un día, clasificando, organizado y sacando algunas cosas del garaje, descubrí una bolsa de basura que se había quedado allí. Estaba infestada de mimes. ¿Por qué estaba esa bolsa ahí? Al parecer la confundí con otras fundas negras que contenían algunos objetos grandes para tirar en el camión recogedor de escombros. ¡Eureka! Esa era la causa de las fastidiosas moscas.

Ese acto sencillo de locura y limpieza me hizo preguntar qué estoy guardando en el garaje de mi corazón. ¿Será que mi corazón está lleno de basura apestosa y podredumbre? ¿Estoy guardando dolor, queja, ira, resentimientos, pleitos, envidia, comparación, superficialidad, trivialidad o ambición? ¿Qué estoy guardando por error, por descuido, o incluso intencionalmente? 

Y lo cierto es que nuestro corazón sin Cristo, es como esa bolsa llena de basura apestosa. “Porque del corazón salen los malos deseos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que de veras corrompen”. (Mateo 15:19,20)

A veces pensamos que la causa de nuestra ira, de nuestra hipersensibilidad, de nuestros pensamientos intrusivos tiene que ver con la forma en que otros nos tratan, nos hablan o actúan… y no con nuestra naturaleza pecaminosa.

Y en lugar de permitir que Dios limpie por completo nuestro corazón, optamos por buscar soluciones temporales que terminan siendo infructuosas y frustrantes. Fingimos e intentamos ocultar nuestra verdadera condición, e incluso culpamos a otros. Colocamos hojitas de menta, echamos productos en el desagüe; pero la verdadera razón, el motivo de esa peste es algo que tenemos dentro de casa, es algo que guardamos dentro del corazón.

Intentamos con técnicas de mindfulness, con estrategias superficiales, cambiar algo que no depende de nosotros. Algo que no es nuestro trabajo cambiar, sino que es de Dios. Él es quien tiene que tomar esa bolsa llena de podredumbre y sacarla de nuestro corazón, para que entonces… ya no hayan más moscas.

Pero Dios es el único que puede deshacerse de raíz de esa basura en nuestro corazón. Ante la peste del pecado que invade mi vida como esos insoportables mimes; hoy te pido Señor “Crea en mí un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí”. (Salmo 51:10)

sábado, 5 de abril de 2025

Un amigo de verdad

Recuerdo que cuando comenzó la fiebre de Facebook se me hacía tan extraño aceptar solicitudes de amistad, porque me tomaba muy literal el término. Con el tiempo fui entendiendo que aceptar una solicitud de un simple conocido no lo convertía en un amigo solo porque Facebook lo llamara así. 

Esto me hace pensar muchísimo en mi relación con Jesús. Una de las expresiones que Cristo usó para referirse a sus discípulos fue precisamente “amigos” (Juan 15:15). 

Jesús nos ofrece una amistad muy distinta a la amistad humana: la relación de amistad que desea tener con nosotros es tan íntima, sólida y profunda como su propio corazón. 
Anhela con vehemencia camina a nuestro lado, desea estrechar lazos de compañerismo recíproco. Le duele cuando lo olvidamos, cuando nos alejamos o desconfiamos de que su profundo amor.  

Su amistad sobrepasa los límites de la comprensión: mientras nosotros nos alejamos de las relaciones tóxicas, de cuya conducta amigos es reprochable; en cambio, Jesús es amigo de los pecadores (Marcos 2:16), su amor hacia nosotros no se debilita dependiendo de cuán inmundos, infieles o volubles seamos. 

Jesús está llamando a la puerta de tu corazón porque desea tener una relación de íntima confianza contigo (Apocalipsis 3:20). ¿Le dejarás entrar? 

sábado, 15 de febrero de 2025

Oficialmente ya no soy joven


Hace poco cumplí 35 años de edad. Oficialmente, ya no soy joven y he entrado en la etapa adulta. Y la verdad es que así me siento.

Ya no tengo miedo al futuro; las preguntas existenciales que me hacía 15 años atrás han encontrado respuesta. La búsqueda de libertad e independencia ya no son un objetivo para mí. 

En mi tiempo libre prefiero estar con personas conocidas, antes que conocer gente nueva. Mis amistades íntimas más recientes las hice hace 14 años atrás; puedo mantener una conversación donde escucho más de lo que hablo.

Ya no cambio una noche de sueño por nada en el mundo. Priorizo mi seguridad por encima de la diversión en actividades extremas. Entre un paquete de Doritos y una mazorca, elijo la mazorca. Ya los dulces no son mi debilidad, porque me interesa más estar saludable que disfrutar cinco minutos de placer con algo azucarado.

Me interesa poco la aprobación de los demás, lo que piensen o digan de mí. Siento que no tengo que demostrarle nada a nadie, porque hace tiempo dejé de construir mi identidad.

Me regalan más plantas para sembrar que flores recién cortadas. Cuando voy a la tienda, miro más utensilios del hogar que ropa. Puedo ir a la playa solo a sentarme y lo disfruto tanto como nadar. Ya no me molesta volver a un mismo destino de vacaciones y, además, puedo quedarme un domingo en casa en completa tranquilidad (ese es un logro que mi madre debe celebrar). 

Cuando era niña, deseaba ser joven para tener la combinación de libertad y fuerza. Y ahora que la juventud se ha ido, siento un poco de nostalgia. Tener una etapa de la vida como meta es, definitivamente, un error de inmadurez, ya que la vida no se trata de un destino, sino del trayecto. Ahora que comienzo a envejecer, veo que la juventud está sobrevalorada (probablemente, más adelante escriba una reflexión sobre esto). Pero no cometeré el mismo error dos veces. A partir de ahora, mi meta no estará en alcanzar una etapa o cumplir una tarea, sino en disfrutar del camino que Dios me presente para andar.

Y mirando un poco más hacia atrás, muchos de los grandes desafíos que comencé a experimentar a partir de los 12 años de edad ya están superados. Pero, debo reconocer que la juventud no es la única etapa que trae consigo grandes desafíos; en la edad adulta existen otros retos que enfrentar.

De hecho, pensé en uno de ellos el día de mi cumpleaños mientras conversaba con una adolescente de 14 años. Me contaba con mucha ilusión lo que quería hacer para celebrar sus quince años. Su madre le dio dos opciones: una fiesta o un viaje. La adolescente me dijo con mucha seguridad que prefería una fiesta antes que un viaje, porque, aunque sueña con conocer el mundo, nunca más volverá a cumplir 15 años y quiere celebrar esa ocasión especial con sus familiares y amigos.

Aquellas palabras me hicieron recordar cuando tenía esa edad. Yo también estaba deseosa de conocer el mundo y devorarlo, pero preferí un viaje en lugar de una fiesta. Aquella adolescente me hizo sentir nostalgia, porque ahora que he crecido, que he viajado un poco y que estoy lejos de familiares y amigos, cuánto desearía poder celebrarlo junto a ellos.

Al final, madurar es aprender que las personas son más importantes que las cosas, y que el mayor tesoro que tenemos es estar rodeados de quienes amamos ¡Ese es el verdadero regalo de la vida!


sábado, 4 de enero de 2025

Un nuevo comienzo

Probablemente para ti un nuevo año es tan solo un cambio de fecha en el calendario. Tal vez hace tiempo dejaste de hacer resoluciones de año nuevo porque a mitad de enero perdías la motivación y abandonabas tus nuevos proyectos.

Cierto, no ocurre nada mágico ni especial entre el 31 de diciembre y el 1 de enero. Sin embargo, la finalización de una vuelta completa que nuestro planeta Tierra da por el Sol podría ser una excelente razón para reiniciar nuestra vida con más y mejores motivaciones.
(Foto: Wilmer Valdez)
(Foto: Wilmer Valdez)









  • Reiniciar nuestro caminar con Dios.
  • Reiniciar proyectos personales y profesionales.
  • Reiniciar relaciones, especialmente aquellas que han estado olvidadas o dañadas.
  • Reiniciar nuestra fe.
  • Reiniciar nuestro ánimo.
Dios mismo ha prometido volver a empezar una obra especial de transformación en nuestro corazón: “He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a la luz; ¿No la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto y ríos en la soledad” (Isaías 43:19).

Cada día que Dios nos regala es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que “sus misericordias son nuevas cada mañana” (Lamentaciones 3:23). Por esto, al empezar un nuevo año quiero animarte a renovar tu pacto con Dios, a pedirle que ponga en ti un corazón nuevo (Salmo 51:10), ya que cumpla sus propósitos en tu vida (Salmo 138:8).

Si estás cansado de hacer promesas huecas, de proponerte ambiciosas metas y no cumplirlas, Dios ha prometido renovar tus fuerzas (Isaías 40: 28-31).

Pon tus planes en manos de Dios, encomiéndale tu camino, pídele nuevas fuerzas e inicia este año agradeciendo por lo recibido y mirando con optimismo el por venir.

sábado, 8 de junio de 2024

La salvación NO es INDIVIDUAL

Antes de que comiences a evaluar o juzgar el título que he usado, permíteme explicarte un poco mi postulado. 

1. Tal y como suelen hacer mis colegas, usé un recurso atractivo para enganchar al lector. 😏

2. Estoy completamente convencida de que la salvación no es transferible, no puede compartirse y no nos salvamos colectivamente, por lo tanto es personal. Pero cuando digo que la salvación NO es INDIVIDUAL me refiero a un aspecto que muchos hemos descuidado, y te lo explico con el relato de Hechos‬ ‭16‬. 

Pablo y Silas estaban encarcelados en Filipos dentro de un oscuro calabozo, con los pies atados y bajo máxima seguridad. Pese a las condiciones en las que se encontraban, oraban y cantaban alabanzas a Dios. De repente se desató un fuerte terremoto que sacudió los cimientos de la cárcel, abrió todas las puertas y las cadenas de los presos se soltaron. Cuando el carcelero notó que las puertas de la cárcel se abrieron, intentó suicidarse, porque pensó que los presos se habían escapado. Pero Pablo le detuvo pues ninguno había huido. Aquel terremoto fue un evento sobrenatural, ya que forma milagrosa todas las cadenas se soltaron. Si yo hubiera estado en el lugar Pablo y Silas, habría aprovechado tal oportunidad para escapar, pensando que Dios había realizado tal milagro para salvar mi vida. Pero para estos hombres de Dios la vida de los demás eran más importantes que su propia libertad y comodidad. 

El carcelero tembloroso se arrodilló ante Pablo y le preguntó qué debía hacer para ser salvo. Entonces el apóstol le respondió con la famosa frase: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”. Luego le presentó el evangelio al carcelero y a todos los que estaban en su casa y todos fueron bautizados aquella misma noche. El carcelero fue profundamente conmovido por la actitud de aquellos hombres que en las circunstancias más adversas alababan a Dios, y ante la posibilidad de escapar por sus vidas prefirieron salvar la vida de su verdugo. 

Pablo invitó al carcelero a creer en Jesús para que tanto él como su familia recibiera salvación. Aquella no fue una promesa hueca, no se trata de que cuando creemos en Dios automáticamente nuestros seres queridos vendrán al arrepentimiento. La familia del carcelero no fue salva solamente porque él lo fue; Pablo predicó la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. Todos escucharon el mensaje, cada uno confió en la palabra de Dios y aceptó a Cristo. Hubo un trabajo intencional que tanto los apóstoles como el carcelero hicieron. El carcelero usó su influencia como cabeza de familia en una sociedad patriarcal para atraer a sus seres queridos al mensaje de vida que acababa de recibir. Pero cada uno debía creer y aceptar a Dios por sí mismo. 

Así que estamos claros de que la fe de una persona no puede transferirse a otra, pero cuando digo que la salvación no es individual, me refiero a que, una vez hemos recibido este mensaje de vida y esperanza, nuestro compromiso consiste en compartirlo con otros. Y la promesa de salvación extensiva a nuestros amados se cumplirá siempre y cuando realicemos nuestra tarea de compartirles el mensaje y que ellos lo reciban con humildad, tal como la familia del carcelero. 

Así que la salvación no se transfiere pero se comparte. Si no compartimos la salvación nos convertimos en obesos espirituales que comen y comen pero no se ejercitan. 

La salvación no es un mero conocimiento de la verdad, se trata de tener una experiencia genuina con Jesús. Para discipular a otros no necesitamos mucho conocimiento ni tiempo en la iglesia, tampoco necesitamos grandes talentos o un llamado extraordinario, sino tener una experiencia real y viva con Cristo, aún haya sido recientemente, tal como le ocurrió al carcelero.

Si creemos que la iglesia es depositaria de la gracia de Dios, entonces estamos llamados a ser dispensadores de esa gracia. Dejando a un lado nuestros prejuicios o preconceptos para alcanzar a quienes están viviendo en la más densa oscuridad.

miércoles, 20 de marzo de 2024

Que tu voluntad sea fiesta en mí

Hace unas semanas atrás conversaba con un grupo de amigas sobre cómo alcanzar las metas e intentaba reflexionar con ellas que, más allá de plantearnos metas específicas, medibles, alcanzables, realistas y de duración limitada; es necesario aprender a someternos a la voluntad de Dios.

Desde los once o doce años de edad cada cierto tiempo me planteaba metas, planificaba proyectos y me visualizaba sobre lo que quería alcanzar y en quién me quería convertir cuando creciera. Procuraba orar al respecto pidiendo la bendición de Dios, sin embargo en la medida en que fui creciendo fui aprendiendo que Dios no solo desea bendecir mis planes, más bien él quiere dirigir mis planes; que estos dejen de ser mis planes para que se conviertan en sus planes.

En los años recientes, aprendí con la vida de una querida amiga y compañera de trabajo, que los cristianos debemos dejar que Dios dirija nuestra vida, y esto en la mayoría de los casos implica que antes de proponerle a Dios lo que queremos, debemos rendir nuestra voluntad a él para que nos indique qué hacer.

Angie, quien hoy descansa en el Señor, me enseñó con su vida e incluso su muerte, el valor absoluto de una vida al servicio de Dios. Cada vez que en la oficina hablábamos de metas personales, Angie con mucha seguridad nos decía que había dejado de trazarse metas, que su mente y corazón estaban abiertos a escuchar la voz de Dios y dejarse dirigir. La primera vez que la escuché hablando de esta clase de sometimiento, realmente no lo entendí, me pareció extremo. Sin embargo, en la medida en que me fui adentrando en este concepto bíblico, mi mentalidad fue cambiando. Angie era sumamente enfocada, orientada a la realización de tareas y altamente productiva, así que este concepto no venía de una persona desorganizada y sin iniciativa propia.

Recuerdo que pocos días antes de pasar al descanso, conversé y oré con Angie quien sería intervenida quirúrgicamente de un procedimiento sumamente complicado. Con la seguridad que le caracterizaba Angie me dijo que iba al quirófano tranquila, y que si Dios la llamaba al descanso su vida estaba llena de gratitud, gozo y esperanza; que se sometía a la voluntad del Señor. Fue así como Angie me enseñó con su vida y muerte que el caminar cristiano es una constante renuncia al yo. 

Al estudiar la vida de los grandes héroes de fe, todos tienen algo en común: dejaron a un lado sus planes y sueños para vivir los planes y sueños de Dios. Y los planes y sueños de Dios no consistían simplemente en bendición para sus vidas, sino en salvación y bendición para otros. Por ejemplo, José no tuvo sueños: los sueños eran de Dios, él no trabajó para alcanzar sus sueños, sino que se sometió al proyecto de vida que Dios le había dado; y ese proyecto de vida no era simplemente convertirse en un hombre poderoso, sino en un instrumento de salvación. Así mismo David, mientras cuidaba las ovejas de su padre, no soñaba en convertirse en un gran rey, ni se había propuesto ser un talentoso salmista, simplemente aceptó el llamado de Dios y se dejó guiar por él hasta convertirse en el gran rey de Israel. Lo mismo Moisés, Noé, Josué y una larga lista de nombres.

Vivimos en una sociedad altamente egoísta y como cristianos muchos hemos llegado a creer que la vida de fe consiste en vivir para nosotros mismos. Ya lo decía el apóstol Santiago: “Y cuando piden, no reciben porque piden con malas intenciones, para satisfacer sus propias pasiones.” (Santiago 4:3)

En los últimos años me he propuesto dejar de ser una niña malcriada que le da órdenes a Dios, que hace berrinches y se enfada cuando él no responde conforme a mis deseos, para convertirme en una sierva dispuesta a cumplir con su mandato. Y no, no ha sido fácil. Renunciar a mis sueños y proyectos me ha constado. De hecho, no lo he alcanzado pero prosigo al blanco. (Filipenses 3:14)

A cuántas cosas me he opuesto, luchando contra la voluntad de Dios; cuántas cosas he dicho no quiero, no lo haré o si quiero, cuando en realidad estaba montada en un barco hacia a Tarsis en dirección opuesta la orden de Dios.

Y no me malinterpretes, con esto no quiero decir que la vida cristiana es improvisada, que no se vale soñar, que Dios es arbitrario y quiere imponer sus deseos, absolutamente no. Pero merece la pena detenernos en nuestro andar, reflexionar en nuestros proyectos, evaluar nuestras peticiones y escudriñar nuestros deseos: ¿estoy viviendo para la gloria de Dios o para mi deleite? ¿Estoy dispuesto a renunciar a mis planes para decirle a Dios hágase conforme a tu voluntad? ¿Busco a través de la oración insistir hasta que por fin Dios conceda mis peticiones o he renunciado a mis derechos para que se cumpla el sueño de Dios en mí? Tal como enseña Pr. Neilyn Solís en su libro Hágase tu voluntad.

Sin embargo, cuántas veces pedimos a Dios que dirija nuestros planes pero no estamos dispuestos a rendir nuestros deseos. No tiene ningún sentido pedirle a Dios que dirija y bendiga nuestros planes si no tenemos ninguna intención de abandonar nuestra voluntad en sus manos.

Por eso hoy, incluso con sueños y metas por cumplir, te pido Señor que tomes mi voluntad, la sometas y hagas conmigo como bien te parezca. ¡Estoy a tu servicio! 

“Que tu voluntad sea fiesta en mí.” (Roberto Badenas)

viernes, 15 de septiembre de 2023

Una vida transformada habla más fuerte que cualquier elocuente sermón



Últimamente he escuchado a muchos cristianos empoderarse con el argumento de que Jesús desenmascaró a los fariseos llamándoles hipócritas, Pablo entregó al diablo a los creyentes rebeldes, Juan el Bautista denunció a los poderosos de su época, y Elías señaló el pecado del pueblo. Se sienten con la misma autoridad y entienden que han sido llamados para denunciar el pecado de los demás. 

Ante tal actitud me pregunto: ¿hacen estos cristianos los milagros que ellos hicieron?, ¿el Espíritu Santo les usa con tal poder que decenas o cientos se han convertido a través de su mensaje?, ¿han dedicado toda su vida a la predicación del evangelio?, ¿han renunciando a todos sus bienes para vivir modestamente como aquellos hombres lo hicieron solo con el objetivo de llevar las Buenas Nuevas? Si la respuesta es no, entonces es muy probable que no están llamados a señalar el error ajeno, porque no tienen la misma autoridad que ellos tuvieron.

No me refiero a que vivir de espaldas a las Escrituras y a no llamar el pecado por su nombre. No se trata de hacerse de la vista gorda o confabularse con quienes viven abiertamente en pecado sin valorar la gracia transformadora de Cristo. 

Sin embargo, el llamado de Dios para sus hijos es a predicar con el ejemplo: no a llenar nuestro muro de Facebook con indirectas o a denunciar en nuestros post las faltas de otros. Cristo nos ha pedido que seamos luz, no altoparlantes. (Mateo 5:14-16) Es muy fácil señalar las faltas de otros, por impopular que parezca... pero solo un corazón transformado vive conforme a la verdad.

La mayor denuncia que podemos hacer ante los pecadores es una vida limpia y recta. Serán nuestras acciones las que hablarán por sí solas. Porque una vida transformada habla más fuerte que cualquier elocuente sermón. 

Cristo mismo murió por aquellos fariseos hipócritas, y nos advierte que revelaremos su gloria en la medida en que amemos a los demás como él nos ha amado. (Juan 13:35)

Cuando miramos a un pecador con amor, y le mostramos lo que Dios ha hecho en nuestras vidas, que cuando éramos pecadores aun así Cristo nos redimió; (Romanos 5:8) entonces ellos encontrarán esperanza y querrán conocer a ese mismo amante salvador. 

No son nuestras palabras las que cambiarán a los demás, ni siquiera nuestras buenas acciones; es el Espíritu Santo quien obra en los corazones, debemos dejar de querer hacer el trabajo del Espíritu Santo y procurar que el Espíritu nos transforme para llevar a otros a rendirse ante él. 

sábado, 12 de febrero de 2022

Más allá de la cortesía y los buenos modales

Hace poco me invitaron a impartir un breve devocional en un reinado de cortesía que celebraron en mi iglesia de origen. Me sorprendió mucho la invitación porque pensaba que esta clase de eventos, que eran muy populares cuando era niña, ya no se hacían. Luego de orar y preguntarle a Dios sobre qué decir, escribí esta reflexión para compartirla contigo.

La palabra cortesía tiene el mismo origen que cortejo. Se remonta a las antiguas cortes medievales donde se reunía el rey con sus oficiales para dictaminar los casos del día. Al oficial que se portaba bien en la corte, le llamaban cortés y la cualidad que tenía la llamaban cortesía.

La cortesía es un acto de amabilidad, atención o buena educación que se expresa a través de las buenas costumbres.
Algunos sinónimos de cortesía son:
  • Amabilidad 
  • Generosidad 
  • Gentileza
  • Consideración 
  • Urbanidad
  • Educación 
  • Delicadeza
  • Finura 
El principio en el que se fundamenta la cortesía, los buenos modales e incluso las normas de etiqueta y protocolo se encuentran en Mateo 7:12 “Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. De hecho, esto es la ley y los profetas”.

En la Biblia encontramos muchos ejemplos de cortesía o amabilidad. Uno de ellos es Rebeca la esposa de Isaac. En Génesis 24:1-20 narra la forma en que el siervo de Abraham conoció a Rebeca y cómo quedó impactado por su generosidad, delicadeza, hospitalidad y buen corazón. 

Es indudable que la cortesía abre muchas puertas: puede darnos buena fama y buen nombre, y quién sabe si hasta conseguirnos un buen marido, tal como le pasó a Rebeca.

Sin embargo, cuando uno conoce a Jesús y recibe el Espíritu Santo necesita más que un cambio de conducta, necesita un cambio de corazón. Cualquiera puede cambiar su conducta, cualquiera con una buena lectura de libros de superación personal podría desarrollar ciertas habilidades para tratar a los demás, cualquiera con un curso de etiqueta y protocolo refina sus modales. 

Pero la vida cristiana va más allá de tener buenos modales o una conducta delicada y fina. Que por cierto, cada vez más las nuevas generaciones van perdiendo esas habilidades sociales para interactuar. Y los padres que no respinguen porque todos somos responsables de cultivar y enseñar esas buenas costumbres, y las generaciones anteriores han fallado un poco en la transmisión de esos valores. Pero no voy a argumentar sobre crianza, eso se lo dejo a mami. 

Los cristianos necesitamos una transformación total, un cambio de nuestras intensiones para que nuestra conducta sea genuina. Los políticos cuando están en campaña son los más amables del mundo: besan viejitas, cargan muchachitos, abrazan a todo el mundo, pero cuando llegan al poder pierden todas las buenas costumbres.

Los cristianos necesitamos un cambio de intenciones para vivir no buscando o mirando lo suyo propio, como dice el apóstol Pablo, sino velando por lo de los demás. (Filipenses 2:4) Esto no nos da luz verde para ser chismosos o preguntones, así que ya párele de preguntar a esa muchacha cuándo se va a casar o a esa pareja que cuándo van a tener hijos o a ese muchacho que cuándo es que va a adelgazar. Porque para considerar a los demás como a usted mismo no necesita saber sus intimidades.

Necesitamos pedirle a Dios que ponga en nuestros corazón su amor, para y que en él haya un profundo y sincero interés por los demás. Que nos enseñe a tratar a todos, incluso a los que no merecen que les tratemos bien con dignidad y respeto, como a nosotros nos gustaría ser tratados. Mirando a los demás como hijos e hijas de Dios, aunque no lo aparenten. 

Que el Espíritu Santo instale en nuestro corazón el amor ágape que es sufrido, benigno, sin envidia ni altanería. Un amor que no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor, no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Un amor que todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

viernes, 12 de noviembre de 2021

Una promesa de amor para cuidar

Edmundo es un hombre íntegro, un cristiano auténtico, es inteligente, tiene una memoria de elefante y puede recordar con precisión nombres y fechas. Es polifacético y tiene una capacidad de improvisación increíble; habla con propiedad no solo de teología, historia, política, economía, deporte y hasta cultura popular. Defiende con vehemencia sus ideas y no hay quien le gane una discusión.😂

Edmundo tiene un corazón bondadoso, es servicial, observador, romántico, sumamente discreto, muy cariñoso, profundo y sumamente maduro.

Es un hombre de convicciones firmes, tiene una habilidad especial para tratar bien a los demás sin comprometer sus ideales. Es apasionado en su trabajo y procura servir con excelencia. Pese a su juventud se gana el respeto y la consideración de los mayores. Me apoya en todos mis proyectos, se lanza conmigo en todas mis locuras, me anima y consciente constantemente.

Gracias a él he aprendido a respetar los días de descanso, a no dejar que el trabajo interfiera con mi vida familiar y a disfrutar “haciendo nada”. Con él he aprendido a ser discreta, a mantener en secreto la vida íntima y a estar comprometida en servir a los menos afortunados aún cuando no tenga mucho que dar.

Pocos conocen su amor por los niños, su afición por la música, su espíritu aventurero y su excelente ojo para comprar ropa femenina, muebles, decoración y alimentos.

Durante muchos años oré fervientemente para que Dios me uniera a un joven conforme a su corazón y a través de Edmundo todas mis oraciones fueron contestadas.

Hoy rindo homenaje a mi marido, mi compañero de viajes, mi mejor amigo y el amor de mi vida. En su día cumpleaños, agradezco a Dios todas las virtudes que le ha dado y le agradezco por haberlo puesto en mi vida. 

Mi oración es que Dios siga poniendo en su corazón pureza, integridad y sabiduría.

jueves, 5 de agosto de 2021

Cásate con quien...

Hoy cumplo tres años de casada, quienes leen este diario con regularidad habrán notado que acostumbro a celebrar con una reflexión.

Luego de evaluar mi vida matrimonial: momentos felices, logros alcanzados, crisis enfrentadas, errores cometidos y retos que nos quedan por delante; me he puesto a pensar en mis amigas solteras, por quienes oro con frecuencia y a quienes en más de una ocasión he tenido que escuchar o alentar debido a la presión social a la que son sometidas.

Hoy quisiera compartir con ellas mis más sinceros deseos:

Cásate para toda la vida. Aunque la mayoría de parejas jura ante el altar estar unidos hasta la muerte, las cifras de divorcios reflejan otra realidad. Cada vez más las parejas consideran el divorcio como una salida para sus problemas matrimoniales. Y para permanecer no se trata solo de jurar una vez por todas, esa es una decisión que deberás tomar ante los retos y desavenencias. En muchas ocasiones necesitarás incluso buscar ayuda para poder mantener esa decisión.

Cásate cuando te sientas lista, no le cojas presión a nadie. Aún si la presión viene de tus familiares o amigos más cercanos. No te cases por la presión. Entiende que tu vida no es un proyecto cualquiera al que tengas una lista de pendientes por cotejar. Si insisten en presionarte, no dudes en poner límites. A mayor presión, mayor cantidad de probabilidades en tomar malas decisiones. En mi experiencia he visto que quienes son felices en su matrimonio y entienden lo sagrado que es no andan preguntando ¿y el novio pa' cuando? Porque han entendido que a cada persona le llega su tiempo. 

Cásate cuando estés feliz con quién eres, te sientas completa y realizada. No necesitas una media naranja, no necesitas a nadie que te haga feliz. El matrimonio no va a arreglar ninguno de tus problemas, ¡ninguno! Si no logras estar feliz sola, si no eres capaz de sentirte realizada siendo soltera tampoco lo lograrás al lado de nadie más. Ese vacío solo Dios puede llenarlo. Procura tener una relación tan sólida y profunda con Dios, que puedas encontrar en él plenitud de vida. 

Cásate cuando desees hacer feliz a alguien y no para que te hagan feliz. El matrimonio ha sido creado para desarraigar el egoísmo del corazón humano. Si vas pensando y calculando solo en lo que vas a recibir, quedarás chasqueada y amargada muy pronto.

Cásate con alguien que ame a Jesús tanto como tú. Niégate rotundamente a aceptar una relación con alguien que no ame a Dios y que públicamente no esté comprometido con él. ¿Cómo esperas que alguien te ame si primero no ama a Dios? 
El matrimonio es bastante complejo como para añadirle más carga. Ya la Biblia es muy clara entorno a unir nuestra vida con los incrédulos. Pero ojo, eso incluye muchachos que son cristianos de nombre pero no reflejan a Dios en sus vidas.

Cásate con alguien que se comprometa contigo. Porque el amor no se trata de romanticismo, sino de un compromiso a pesar de las circunstancias.

Cásate con quien puedas reírte de los momentos malos. El humor es muy necesario especialmente en los momentos de dificultad. 

Cásate con alguien que te inspire a ser la mejor versión de ti. Alguien que sin compararte, obligarte o coartar tu libertad, te motive a crecer cada día. 

Cásate con quien te corrija con amor cuando estás en un error. Muchas veces Dios nos instruye o confronta a través de nuestra pareja. 

Cásate con quien puedas compartir tu ministerio y propósito de vida. Tus pasatiempos, estilo de vida y proyectos. Ya lo dijo el profeta Amós “¿Andarán dos juntos si no estuvieren de acuerdo?” (Amós 3:3)

Finalmente, comparto una breve reflexión publicada en la lección del jueves 5 de agosto, en la Guía de Estudio Bíblico de la Escuela Sabática: “No hay relaciones perfectas. Toda relación debe tener una dinámica de crecimiento, y Satanás tiene un interés personal en usar a su favor todas nuestras relaciones, especialmente las más cercanas a nosotros, para herir y frustrar la voluntad de Dios para nuestra vida. Podemos estar agradecidos de que él no nos deja pelear estas batallas en soledad. La Palabra de Dios establece principios para nuestras relaciones. Su promesa de darnos sabiduría también se extiende a nuestras relaciones. Él promete estar con nosotros cuando nuestras relaciones resulten complejas.”

miércoles, 26 de mayo de 2021

Marca personal y reputación digital

Consciente o inconscientemente todos tenemos una marca personal, se trata de un asunto clave en la sociedad contemporánea. La marca personal consiste en el grado de conocimiento, prestigio y opinión que los demás tienen sobre una persona. El término marca personal comenzó a utilizarse para referirse al uso de principios de marketing y publicidad de productos y empresas, pero con las personas. Y se popularizó con la explosión de las redes sociales. 

Viene a mi mente un relato registrado en Mateo 16:13-17 donde Jesús pregunta a sus discípulos sobre la percepción que la gente tenía sobre él. Me imagino al Maestro preocupado por su reputación, cuando pregunta: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?» Ellos respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, que es Elías; y otros, que es Jeremías o alguno de los profetas.» Él les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» Simón Pedro respondió: «¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!». 

Al construir nuestra marca personal puede que nos preocupe la percepción que los demás tienen sobre nosotros. Pero no debemos dejar que esto guie nuestra vida. Para Jesús era importante lo que otros decían de él, pero esto no le detuvo de cumplir su misión. Al final la gente tendrá precepciones muy distintas de nosotros, algunos tendrán una buena imagen otros una imagen deficiente, no obstante, eso no define quiénes somos.  

En la construcción de nuestra reputación muchas veces nos obsesionamos con realizar un trabajo que pueda ser reconocido y aplaudido por todos, sin embargo, en nuestras manos está elegir si queremos trabajar para ser importantes para los otros o ser importantes para el Reino de Dios.  

Finalmente, ¿estás afanado en construir tu marca personal o te afanas por construir la marca del Reino de los cielos? Jesús sabía que la loca carrera de esta vida podría desviar nuestra atención de lo que es realmente importante, por eso nos invita: ‘‘Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas’’. (Mateo 6:33) 

Hoy te animo a que te preocupes por construir y acercar el reino de los cielos a quienes no lo conocen.  





viernes, 30 de abril de 2021

¿Qué es rendirse?



En la búsqueda de la realización personal hemos llegado a pensar que rendirse en solo para perdedores.
Sin embargo, en la vida cristiana, rendirse es...

  • Abandonarse en los brazos de Jesús.
  • Es confiar en las promesas de Dios aunque no se tenga un ápice de señal.
  • Rendirse es renunciar a sus derechos y dejar que Cristo gobierne la vida.
  • Es creer que Dios cumplirá su Palabra.
  • Rendirse es renunciar a cada uno de sus sueños para vivir los sueños de Dios.
  • Es abandonarse en las benevolentes manos del Salvador.
  • Al rendirse no se toman decisiones sin orar.
  • Rendirse es dedicarle las mejores horas del día a Dios.
  • Cuando nos rendimos nos olvidamos de un plan B, aprendemos a confiar en Dios como un niño pequeño confía en su madre.
  • Es iniciar y finalizar cada día en comunión con Dios.
  • Rendirse es obedecer aun cuando lo que Dios hace carece de sentido.
  • Rendirse es adorar sin reservas, amar sin reservas, crecer sin reservas y servir sin reservas.
  • Es dejar de complacer los caprichos, gustos y deseos. Dejar de ser un niño mimado y convertirse en un siervo útil.
  • Rendirse es refrenar la lengua. No decir nada ofensivo, no quejarse ni defenderse aún cuando se tiene la razón.
  • Es negarse a uno mismo, tomar la cruz de Cristo y seguirle.
  • Es darlo todo por el evangelio.
  • Rendirse es someterse a la autoridad de Dios.
  • Es vivir una vida de pureza y santidad en un mundo de pecado.
En una sociedad donde nos enseñan a nunca rendirnos, yo me rindo a ti, Jesús. En un mundo donde rendirse no es una opción. Rendirme a ti, Cristo, es mi única salida. Hoy quiero decir como el apóstol Pablo: ''Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí''. (Gálatas 2:20)

Para ti, qué es rendirse?

lunes, 29 de marzo de 2021

En busca del éxito

El hombre posmoderno va hacia una búsqueda apresurada, a veces irracional y hasta desmedida del éxito.

La mayoría de oradores motivacionales coinciden con que el éxito es la consecución de metas y proyectos trazados. Sin embargo, aunque hemos aceptado esta definición, en el fondo la mayoría creemos que el éxito está asociado a la popularidad, el poder, la influencia, el dinero y la belleza.

Pero los cristianos somos llamados a "no amoldarnos al mundo actual, sino ser transformados mediante la renovación de nuestra mente. Así podremos comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta". (Romanos 12:2)

El éxito en la vida cristiana no es un fin. La vida en esta tierra no consiste en alcanzar el éxito, sino en vivir con propósitos para la gloria de Dios, se trata de una completa sumisión de nuestra voluntad a la voluntad de Dios. Llegar a decir como el apóstol Pablo: "Ya no vivo yo, Cristo vive en mí". (Gálatas 2:20) "Todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo". (Filipenses 3:8)
Pablo, un hombre que a los ojos humanos podría parecer exitoso. Primero por ser un maestro de la ley, con una reputación incuestionable, poderoso, influyente, perteneciente a una de las castas más altas entre los judíos. Quien al hacerse cristiano perdió esa envestidura, pero se convirtió, en el más grande misionero entre los apóstoles, el que más libros del Nuevo Testamento escribió y el que viajó a más países entre Asia y Europa. Quien tuvo la oportunidad de predicar ante altos gobernantes, reyes e intelectuales seculares. Él sí que podía presumir de su éxito, pero lo tenía todo por estiércol.

Si tienes recursos económicos y con ellos no eres capaz de ayudar a tu prójimo, has fracasado. Si te la pasas estudiando y de una forma no compartes eso que sabes, has fracasado. Si te la pasas en competencia o comparándose con otros, has fracasado. Si lo tuyo es invertir en tu negocio y proyectar tu marca personal más que cualquier otra cosa, has fracasado. Incluso si predicas pero buscas cámaras, seguidores y likes, has fracasado.

Si has construido un proyecto de vida y buscas a Dios solo para que bendiga tus planes y no te sometes a su voluntad, has fracasado. Si ves a Dios como un amuleto de buena suerte y no como el dueño de tu vida y futuro, has fracasado. Si no sometes tus planes a los planes de Dios, has fracasado.

Te animo a elegir a Dios en primer lugar. Pero no es cosa fácil, cada día hay que renunciar a nuestros deseos para mantener el enfoque. Para eso hay que tener una relación con Dios, una relación real y significativa. Se trata de invertir nuestro tiempo en una relación con Dios dónde le escuchemos y hablemos con sinceridad y seriedad.

Pregúntate:

¿Estoy donde Dios me ha ordenado que esté?

¿Lo que hago lo hago para gloria de Dios?

¿Dios es el centro de mi vida y mis afectos?

¿Deseo más la vida en la eternidad que cualquier otra cosa?

¿Vivo para mis propios deseos o me importa más agradar a Dios en todo?

Si no tienes respuestas claras a estas preguntas, y bueno, si las tienes y todas son no, entonces te invito a hacer la oración de Jesús en el Monte de los Olivos antes de ir a la cruz: "Que no sea conforme a lo que yo quiero sino tu voluntad".

Finalmente, "La mente, el corazón, la voluntad y los afectos pertenecen a Dios; y el dinero que poseemos es del Señor. Todo bien que recibimos y que disfrutamos es el resultado de la benevolencia divina. Dios es el magnánimo dador de todo bien y él desea que el receptor reconozca la procedencia de esos dones que satisfacen toda necesidad del cuerpo y del alma". (Consejos sobre mayordomía cristiana, p.72)


viernes, 18 de diciembre de 2020

Le dije adiós a las dietas para engordar

-¡Pero qué flaquita eres, pareces una muñeca María Palito!

-¡Uff! con lo flaca que eres puedes comer todo lo que quieras sin cuidarte de nada. 

-Yo a tu edad era así de delgada y mira ahora cómo estoy.

-Deberías comer un chin más a ver si consigues algunas libras. 

-¿Y para qué comes ensaladas si estás en la línea?

-Pero no te preocupes, cuando tengas hijos vas a echar unas libritas. 

Estos son algunos de los comentarios que con frecuencia hacen sobre mi peso, en una cultura que percibe las pocas libras como enfermedad y considera la belleza en cuerpos voluptuosos. (Creo que nací en el país equivocado😎) 

Tengo 30 años, mido 5'2'' y con mucho esfuerzo llego a las 100 libras. ¿Cuál es el secreto? ¡Ninguno! Simplemente los genes. Durante mucho tiempo me preguntaba porqué no aumentaba de peso como la mayoría de las mujeres de mi edad, así que impulsada por los constantes comentarios y una gran curiosidad, me puse a inventar con toda clase de dietas para engordar. Sí, el ser humano es así de inconforme. Los altos quisieran tener menor tamaño, los delgados más libras, los de pelo lacio, rizado y viceversa. He llegado a creer que mientras más inconformes estamos con nuestro cuerpo, más despreciamos la obra de arte que Dios hizo al crearnos. 

Ciertamente no elegimos nuestro cuerpo, el color de nuestra piel, la textura del pelo ni nuestro tamaño o medidas, y se nos dificulta amar algo que no elegimos, pero despreciarlo o querer cambiarlo simplemente porque no cumple con los estándares estéticos de la época, es una señal de poco amor hacia nosotros mismos y de desprecio hacia la creación de Dios. 

Por feos, gordos, canillúes y moños malos que seamos, todos absolutamente todos fuimos tejidos en el vientre de nuestra madre por la mismísima mano de Dios. (Salmo 139:13) Claro, no podemos ignorar que el pecado ha marcado incluso nuestros cuerpos, ya que el diseño original de Dios era sin defecto alguno. 

Considerar a Dios como nuestro creador nos da una perspectiva distinta de nuestro cuerpo: 
  • Apreciaríamos más la diversidad.
  • Descubriríamos la belleza de nuestro cuerpo natural y si adornos.
  • No nos quejaríamos tanto del cuerpo que nos ha tocado.
  • Amaríamos esas particularidades que tanto despreciamos y que nos distinguen de los demás.
  • Resistiríamos la presión de las medidas y estándares de belleza.
  • Estaríamos más agradecidos con nuestro cuerpo y salud.
  • Procuraríamos estar en salud tanto como vernos bien.
  • No nos compararíamos con otros.
  • Disfrutaríamos los cambios que vienen con los años, descubriendo la belleza que trae cada etapa.
No se trata de presumir de nuestro cuerpo o tener una sobrevalorada precepción de nuestra figura, se trata de aceptar cómo nos vemos, apreciar nuestro físico, cuidar de él con esmero y agradecer a Dios porque somos parte de su maravillosa creación.

La Biblia dice que cuando Cristo vuelva por segunda vez nuestros cuerpos serán transformados: ''En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final; pues la trompeta sonará y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. (1 Corintios 15:52 y 53). 

Mi abuela Laura bromea diciendo que tendrá ojos azules y una larga cabellera rubia. 😜Finalmente el cuerpo no será un problema para nosotros, ya no tendremos enfermedades ni complejos, no habrá sobrepeso ni baja estatura que nos haga sentir inferior. Podremos vernos tal como Dios nos mira. Pero sobre todo, entenderemos a plenitud lo vana que es la hermosura, (Proverbios 31:30) 
¿por qué no ponerlo en práctica desde ahora?

Así que después de varios años intentando aumentar de peso, bebiendo batida de espagueti, jugo de trigo, proteína de soya, malta con leche condensada y haciendo toda clase de malabares para subir de peso, me di por vencida y le dije adiós a las dietas para engordar.

lunes, 30 de noviembre de 2020

Las manos de una guerrera

Miró mis manos, las comparó con las suyas y me dijo: 

-Que hermosas manos tienes, las manos de una verdadera mujer, porque las mías son tan horribles y están llenas de callos. 

Quedé sin palabras y alguien más respondió por mí:

-¡Tus manos son las manos de una guerrera!

Me sentí culpable de ser afortunada. Esa sensación que me acompaña cuando estoy en contacto con una persona cuyas circunstancias han sido difíciles y cuya historia es desgarradora. 

¡Sí, culpable! Porque no he hecho absolutamente nada para tener la vida que tengo y peor aún, porque hago muy poco para combatir la injusticia en el mundo. ¡Culpable!... esas pudieron haber sido mis manos y mi historia. 

Me contó su historia, una llena de sufrimiento, violencia y abusos. Me contó como fue explotada por personas despiadadas que han olvidado la dignidad con la que ha sido creado cada ser humano.  Se me hizo un nudo en la garganta. Y aunque no suelo llorar, cada vez que como periodista tengo que escuchar una historia de dolor como esta, mi corazón se rompe en pequeños pedazos. Incluso a veces pregunto, tal como lo hizo el profeta Habacuc, "¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás? (Habacuc 1:2)

A veces siento que el reino del mal prevalece, que el malo nunca tendrá su paga y que la injusticia reinará sobre los más vulnerables. Pero luego recuerdo la promesa bíblica: "Dios juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con rectitud. Jehová será refugio del pobre, refugio para el tiempo de angustia". (Salmos 9:8‭-‬9) 

Me miró con sus ojos grandes y redondos, llenos de ilusiones y sueños. Ojos que miran el futuro con esperanza, no cuestionan el obrar de Dios y continúan confiando en el amor y la providencia divina.  Ojalá pueda desarrollar esa clase de fe, esa resiliencia y confianza en el amor de Dios. 

Nos despedimos y sigo con la imagen de sus manos, las manos de una guerrera. 

jueves, 1 de octubre de 2020

Cinco lecciones que aprendí del distanciamiento físico

Debo reconocer que he sido muy rigurosa al cumplir con las medidas de distanciamiento físico. Las razones son de conciencia y disciplina más que por pánico o miedo a la enfermedad. 

Como continúo trabajando de forma remota, mis salidas son muy reducidas y se circunscriben a diligencias y actividades esenciales donde se requiera mi presencia de forma obligatoria.

Quiere decir que desde el sábado 14 de marzo hasta el día de hoy no he abrazado a mis familiares, no he tenido salidas recreativas junto a mis amigos, jamás he vuelto a un restaurante, he tenido que contemplar desde lejos a mis seres queridos, no he podido saludar con calidez a mis hermanos en la iglesia, no he recibido visitas en casa ni he podido cargar a mi sobrina que nació hace ya cinco meses. Así que a través de la tecnología he tenido que mantener el contacto, lo cual me hace sentir como si me hubiera mudado a otro continente. Y por supuesto que esto me ha enseñado lecciones invaluables que escribo para no olvidar. 

1. Se necesita muy poco para ser feliz y estar bien. Vivimos en una carrera constante por comprar el último modelo de celular, nos afanamos por un guardarropa a la moda, comprar un nuevo automóvil, llenar la casa de corotos, complacernos con juguetes de última tecnología, tener un cuerpo más bonito que sano y por supuesto presumir de nuestros viajes en las redes sociales. Y nada de esto le da plenitud ni sentido a vida. Al estar en casa, mis gastos se han reducido al mínimo y debo admitir que he necesitado muy poco para estar bien. Quisiera como el apóstol Pablo poder decir: “He aprendido a contentarme cualquiera sea mi situación”. (Filipenses 4:11-13)

2. El valor del contacto físico. Extraño los abrazos de mis padres, pararme en la puerta de la iglesia y saludar a todos, sentarme en la mesa junto a mis seres queridos y jugar con mis sobrinitos. Las caricias, las miradas y el contacto físico nunca podrán ser remplazados. Espero no olvidarlo cuando volvamos a reunirnos y me sienta tentada con un dispositivo móvil frente a mi. 

3. Estar atento a las necesidades de los demás. Algo tan sencillo como una oración intercesora, un mensajito de texto, una llamada telefónica; en fin, estar pendiente de quienes nos rodean, especialmente de los más vulnerables. Dejar de pensar tanto en nosotros mismos y nuestros problemas para concentrarnos en otros e intentar aliviar sus cargas. 

4. La temporalidad de nuestras relaciones. Nadie nos pertenece y ninguna relación dura para siempre. Los hijos crecen y se van del hogar, nuestra pareja a quien juramos amor eterno algún día fallecerá, si no es que fallecemos nosotros primero. Los amigos se distancian y las personas que alguna vez fueron significativas y muy cercanas dejan de serlo. Y esto me ha llevado a confirmar que...

5. Solo Cristo basta. Establecer un vínculo de intimidad, una relación significativa, encontrar en él nuestra identidad, depender de él, descubrir en su presencia que es el único que puede dar plenitud y sentido a la vida, el único capaz de suplir todas nuestras necesidades emocionales y llenar nuestro sentido de pertenencia. Construir una relación capaz de enfrentar cualquier obstáculo y perseverar en ello hasta que se cumpla la promesa de su segundo regreso. 

Agradezco a Dios por los abrazos dados y recibidos, las comidas con los seres queridos, las risas y lágrimas compartidas y los momentos vividos. Porque al final, seremos conocidos por cómo amamos, esto es lo más importante en la vida y lo único que nos llevamos hasta la tumba. 

jueves, 13 de agosto de 2020

Una oración constante

Mi padre es un hombre de Dios, un hombre de oración: crecí viéndolo en el mismo rincón de su habitación orando por mucho tiempo hasta quedar dormido. 😴 Desde que mis hermanos y yo nos hicimos adolescentes mi padre comenzó a orar por quienes serían nuestras parejas.

Mi padre es sincero y franco, al hablar y actuar no tiene dobleces. Es muy sabio y tiene una especialidad en resolver conflictos, sus amigos, familiares y conocidos lo buscan para que sea mediador ente ellos. Pa no sabe tener enemigos, y aunque en su juventud fue caco caliente y en su trabajo ha sido muy enérgico con su controvertida visión, tiene la capacidad de perdonar como un niño. Su mala memoria le favorece mucho.

Pa es un verdadero discípulo, decidió dejar los negocios de su padre y rechazó muy buenas ofertas de trabajo para convertirse en pastor y dedicarse al ministerio. Yo me lleno de admiración al pensar en esto.

Mi papá es consentidor, fue mi primer admirador y mi primer corrector de textos. Es juguetón, cariñoso y muy emotivo. Mi padre no tiene vergüenza de llorar, de decir te amo, de admitir que admira a alguien, de abrazar y besar a quienes ama. Recuerdo que cuando era niña le encantaba jugar conmigo a las muñecas. Cuidaba de mí y de mis hermanos durante la noche, hizo un trato con mami de que ella nos atendería de día y él durante la noche. Lo recuerdo yendo a mi habitación cuchumil veces para llevarme un vaso de agua, dejarme la luz encendida porque le temía a la oscuridad y orando conmigo cuando tenía pesadillas. Además de que cada noche era quien nos leía la historia bíblica antes de irnos a la cama y ese para mí era el mejor momento del día; pero cuando estaba muy cansado nos ponía un cassette de “Las bellas historias de la Biblia” y era el primero en dormirse. 😂

Papi es un lector voraz, de él heredé mi amor por los libros: tanto escribir como leer; es una máquina de ideas y un escritor muy versátil. Mi padre es polifacético, en sus más de 30 años de profesión se ha desempeñado como Ingeniero agropecuario, maestro, pastor y pretende jubilarse como terapeuta sexual.🤪 Él dice que la vida es muy corta para dedicarse a una sola carrera. Mi padre es muy apasionado en lo que hace y está comprometido en formar a otros y dejar un legado. Es un líder natural y se le da muy bien guiar a otros.

A mi padre le gusta ayudar a quienes menos tienen, lo he visto crear los proyectos más creativos para beneficiar a los demás. Mi padre es un hombre humilde, no tarda en reconocer cuando se equivoca y pedir perdón. No le interesan los cargos ni el protagonismo.
Yo lo admiro y respeto porque es un padre fuera de serie.

Mi papá es el padre que da las mejores pelas. Se sienta contigo, te explica lo que hiciste mal, destaca varias cualidades positivas que ve en ti, luego te da tres suaves correazos en las piernas sin dejarte marcas ni moretones. Y finalmente, te da un abrazo y te recuerda lo mucho que te ama. Como comprenderán mis hermanos y yo preferíamos que él nos disciplinara.😬 Terminábamos de risas y abrazos.

Con mucha determinación me enseñó a estudiar la Biblia y a orar, a tener una relación con Dios sincera y profunda. Escuchaba mis luchas espirituales y nunca me juzgaba, todo lo contrario, me compartía las suyas y me animaba a confiar en Dios y entregarle mis cargas a Él. También me enseñó a predicar, a preparar sermones y a escribir devocionales. 📖

Mi papá es idealista, lucha para cambiar al mundo y espera siempre lo mejor de las personas. Es un hombre de discursos y siempre tiene una máxima para destacar alguna lección. Mi padre es tan pero tan paciente que es difícil sacarlo de control. 🙃

De mi padre aprendí a decir te amo, a ver en todos cualidades positivas, a debatir las ideas sin atacar a las personas, a no quejarme si mi mal tiene o no tiene remedio; aprendí que los hermanos no se pelean, a hacer todo lo que me venga a la mano y a dejar que Dios dirija mi vida.

Hoy es su cumpleaños 63 y le rindo homenaje haciendo lo que mejor me enseñó a hacer: orar. Pido a Dios para que le dé sabiduría y gracia. 🙏🏽

martes, 5 de mayo de 2020

Resucitaré


Se han inventado cientos de teorías acerca de la muerte y del estado de los muertos. La muerte es uno de los grandes misterios de la vida. La religión intenta proporcionar una explicación razonable, capaz de proporcionar paz y reducir el temor que sentimos hacia este elemento que es parte natural de la vida. Creencias que solo buscan consolar al que pierde a  ser querido o al que teme por su vida.

Génesis 3:19 y 22  explica el origen de la muerte: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, de donde fuiste sacado. ¡Porque eres polvo y al polvo volverás!… Después el Señor Dios dijo: El hombre ha llegado a ser como uno de nosotros en el conocimiento del bien y del mal. No vaya a ser que ahora extienda su mano, tome también del árbol de la vida, coma y viva para siempre.” Y Romanos 6:23 sentencia: “La paga del pecado es la muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús.”

          El ser humano no fue creado para morir, la muerte en una consecuencia del pecado. La misma Biblia explica que Dios tuvo a acortar los días del hombre a causa del sufrimiento. Y es que vivir eternamente bajo las condiciones del pecado en la que el mundo se encuentra sería azaroso. Imagina vivir enfermos para siempre, sufriendo para siempre, llorando para siempre… Aunque seamos sinceros, la vida en esta tierra tiene muchos sinsabores pero la mayoría no queremos abandonarla. 

         Pero Dios, el creador de la vida también nos da esperanza a pesar de la muerte: “En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, cuando suene la trompeta final los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados. Lo que es corruptible debe revestirse de la incorruptibilidad y lo que es mortal debe revestirse de la inmortalidad.” (1 Corintios 15:52 )

      Esto no es pura teoría o cuento de hadas. La Palabra de Dios nos asegura: “No queremos, hermanos, que vivan en la ignorancia acerca de los que ya han muerto, para que no estén tristes como los otros, que no tienen esperanza. Porque nosotros creemos que Jesús murió y resucitó: de la misma manera, Dios llevará con Jesús a los que murieron con él. Queremos decirles algo, fundados en la Palabra del Señor: los que vivamos, los que quedemos cuando venga el Señor, no precederemos a los que hayan muerto. Porque a la señal dada por la voz del Arcángel y al toque de la trompeta de Dios, el mismo Señor descenderá del cielo. Entonces, primero resucitarán los que murieron en Cristo. Después nosotros, los que aún vivamos, los que quedemos, seremos llevados con ellos al cielo, sobre las nubes, al encuentro de Cristo, y así permaneceremos con el Señor para siempre. Consuélense mutuamente con estos pensamientos.” (1 Tesalonicenses 4:13-18)

         Muchos ven la muerte como el paso a una mejor vida, otros como parte natural de la vida, o como una aplanadora que hace justicia a todos. Algunos creen que los muertos resucitan, otros piensan que los muertos nunca más se levantan de la muerte, algunos suelen pensar que la reencarnación es una realidad. Yo creo que la muerte es un sueño del que Dios tiene poder de levantarnos; y así como Cristo se levantó entre los muertos, nos levantará a vivir para siempre con él y no conocer la muerte jamás.