Aquellos hombres debían recorrer un largo camino. La vida es un camino por el cual pasamos solo una vez. Cada momento es una oportunidad que Dios nos da y hay que vivirlo apasionadamente.
Para poder disfrutar el camino, hay que hacerlo sin prisas ni pausas. Es cierto que queremos llegar a la meta, pero si corremos, dejaremos de contemplar los detalles que hay a nuestro alrededor. ¿Cuál es la prisa por llegar, si hay un mundo que disfrutar? El camino es una invitación a seguir; no nos podemos detener. Si has decidido caminar, tienes que avanzar aunque encuentres dificultades. Mientras Jesús esté a tu lado, ningún camino será imposible.
Uno de los regalos que llevaban al gobernador era miel. La miel es dulzura. Un poquito de miel puede endulzar los días más tristes y amargos. Con tanta razón el salmista escribió que la Palabra de Dios “es más dulce que la miel que destila del panal” (Salmos 19:10).
A nuestro mundo le falta un poco de miel. La miel no es solo un alimento; tiene muchos usos: sirve para cicatrizar heridas, curar úlceras, hidratar y suavizar la piel y, claro está, como elixir de la vida. Cuando en el camino de la vida surja la irritación o el cansancio, ponte un poco de miel y las cosas cambiarán.
¡Que Dios ilumine tu camino y que endulces tus días con la miel que destila del panal!