lunes, 9 de marzo de 2020

La espumita del jugo de piña


La otra noche preparé un jugo de piña con frutas del bosque para la cena y decidí no colar el jugo para aprovechar la pulpa de la frutas. Pero para mi decepción la bebida no era más que pura espuma y aunque me había servido una gran porción, todo lo que bebí fue la espuma de la piña.

En aquel momento pensé en cuánto nos parecemos los seres humanos a aquella bebida: poca sustancia y mucha espuma.

Hay quienes se escondemos ante títulos, logros profesionales, éxito, dinero, un perfil impecable en las redes sociales, relaciones amorosas, popularidad, ropa a la moda y toda clase de bienes; mientras que otros se ocultan detrás de actos de bondad o una religión de formas. 

Mucha espuma y poca sustancia como el joven rico, cuya conducta era intachable, sus acciones apegadas a los mandamientos y sus modales refinados, pero en lo más profundo de su corazón no obedecía las normas porque amaba a Dios, sino por guardar las apariencias. (Mateo 19:16-26)

Y es que sin Jesús en el corazón somos como aquella bebida de poca sustancia y mucha espuma. Nada de lo que hagamos ni de lo que aparentemos podrá ocultar nuestra realidad de miseria y pecado. 

Que hoy al oír el llamado del Espíritu Santo le pidas que haga una transformación en tu vida y te convierta en una bebida pura y aleje la espuma de ti.

martes, 4 de febrero de 2020

Prometo envejecer con dignidad

Hace apenas unos días descubrí que soy oficialmente mayor cuando tuve que explicarle a una adolescente lo que es un cassette y cuánto me divertía rebobinando las cintas con un lápiz para repetir una y otra vez mi canción favorita. 

Hoy cumplo 30 años, ya estoy en la época de los "Ta" y para conmemorarlo, me propongo envejecer con dignidad:

1. No ocultaré mi edad. Estoy segura de que a muchos les cuesta creer que soy del 90, pero aunque me vea tan joven como una colegiala, definitivamente cuando abro la boca me delato. ¿Para qué ocultar los años? Al restar edad también restaría experiencia y bendiciones. A partir de hoy mostraré con orgullo mis canas, arrugas, cicatrices y manchas porque cada una es la demostración de la gracia de Dios en mi vida. 

2. Vestiré conforme a mi edad. He disfrutado cada etapa de mi vida al máximo. Cuando era una niña mi madre solía vestirme como tal hasta que me hice una señorita. ¡Sí! Usaba colitas, vestidos y zapatitos de niña, incluso cuando no eran el última grito de la moda y todo porque era una niña no una mujer. Mientras lleguen los años aprenderé a vestir de acuerdo a mi edad, sin complejos ni temores porque cada época tiene su encanto y hay que saberlo disfrutar. 

3. Disfrutaré de los privilegios y responsabilidades de cada etapa. En cada etapa de la vida hay privilegios y responsabilidades, sacaré el mayor provecho de ambos, sin sentir nostalgia por el pasado ni ansiedad por el futuro.

4. Apoyaré a las generaciones que me preceden y creeré en ellas, como otros creyeron en mí. Porque no hay actitud más molesta que la que muchos ancianos adoptan, de olvidar que una vez fueron jóvenes, llenos de energía y con poca experiencia. No tendré temor de aprender de alguien a quien una vez le enseñé ni de admitir que estoy desfasada y fuera de época. 

5. Mantendré un espíritu joven. Recordando que la juventud es una cuestión de actitud. 

6. Cuidaré mi cuerpo y apreciaré mi salud. La lista de señales de la vejez va en aumento año tras año y no puedo controlarlo. Lo que sí puedo hacer es envejecer mejor, algo tan sencillo como llevar una dieta sana y equilibrada, y hacer ejercicio regularmente. 

7. Buscaré la sabiduría. Porque la sabiduría no viene con las canas ni se gana con los años, he conocido muchos envejecientes necios y muchos jóvenes sabios. La sabiduría es cuestión de obedecer a Dios y seguir sus principios. Hoy pido como el salmista: "Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría". (Salmo 90:12)

Hoy quiero imitar el ejemplo de mis octogenarias abuelas, (que por cierto no aparentan la edad que tienen), quiero emular su energía, buena actitud, capacidad de servicio,  productividad y buen ánimo, de tal forma que como ellas no necesite crema rejuvenecedora para verme bien. 

miércoles, 11 de diciembre de 2019

La era del selfie y la posverdad

Con cada avance tecnológico, nuestro mundo en vez de avanzar pareciera retroceder.

Vivimos en una sociedad snap donde todo es trivial, pasajero y momentáneo. 

Nos encontramos  en la era de la posverdad y las fake news donde muchos dicen estar informados, cuando en realidad están mal informados. En la época donde nos enteramos al instante de lo que ocurre del otro lado del mundo pero cada vez sabemos menos de nuestro vecino. 


En una sociedad donde quienes más dinero ganan son los artistas y los deportistas, no los médicos, bomberos ni maestros; los héroes son figuras del entretenimiento y la farándula. 

Época de las redes sociales y la conectividad  pero cada vez tenemos menos amigos íntimos. Era del hedonismo y narcisismo manifestado a través del selfie.
En una sociedad que hace culto al ego. Donde lo que no se publica no existe. El Homo Sapiens  se ha convertido en Homo Videns, producto de una sociedad teledirigida.


Vivimos en una época de liquidez en los valores, donde la mayor aspiración de un estudiante es aprobar la asignatura y muchos presumen conseguir dinero fácilmente. Una sociedad donde el invitado es quien paga, que vende la idea de bajar de peso sin esfuerzo. Donde viajar, tener ropa nueva, muchos seguidores en las redes sociales y fotos atractivas es sinónimo de éxito; donde todos somos celebridad en las redes sociales. Una era donde está prohibido que los niños tengan cuentas en las redes sociales pero sus padres le crean un perfil como si fueran celebridades. 


Sociedad que ha confundido el nombre con el título, que no sabe la diferencia entre ser y tener y no logra entender que los objetos son para poseerlos y las personas para amarlas.
Una sociedad que se deja dominar por las posesiones, donde la gente se mercadea, como si fuese un producto y se preocupa  más por el qué dirán que por quién es.

En nuestra era muchos son espirituales pero pocos están comprometidos a vivir conforme a lo que creen. Donde predicamos más de nosotros que de Cristo.

Donde la aceptación se traduce en retuit, like y repostVivimos en la era donde verse bien es más importante que tener salud y muchos cuidan su alimentación por moda más que por conciencia. Y quienes protegen al planeta respetan más a la naturaleza que a la humanidad que lo habita.


Una sociedad que ha confundido el sexo con amor y el deseo con el compromiso. Donde la música cuenta la realidad social transmitiendo mensajes de violencia, libertinaje y drogas. Una sociedad donde se predica tolerancia pero reina la violencia y quienes exigen respeto quieren que acepten sus ideas a como dé lugar, sin respetar la libertad que tienen los demás de estar en desacuerdo.

Sociedad donde se invierte más dinero y tiempo elaborando una fiesta de bodas que preparándose para el matrimonio. Donde se presume la idiotez.


Vivimos en una época donde la felicidad es directamente proporcional al filtro de la fotografía, donde la búsqueda del bienestar se ha visto opacada por las apariencias. Donde tenemos a una persona en nuestras redes como “amigo”, pero ni siquiera nos atrevemos a saludarle cara a cara.

Y mi octogenaria abuela dice que todo irá de mal en peor. Pero me consuelo al saber que  quienes aceptaron a Jesucristo en su vida “no se conforman a este mundo, sino que son transformados por medio de la renovación de su entendimiento”. (Romanos 12:2)

miércoles, 13 de noviembre de 2019

Amarla hasta la cruz

En todo el mundo cada 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer o Día Internacional de la No Violencia de Género, recordando el indignante asesinato de Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, en República Dominicana. Esta rememoración tiene como objetivo denunciar la violencia que se ejerce sobre las mujeres en todo el mundo y reclamar políticas en todos los países para su erradicación. 


Desde los primeros asentamientos humanos la mujer ha sido víctima de crueles y despiadados tratos. La ablación o extirpación del clítoris, el uso obligatorio del hiyab, la cosificación de su género, recibir un salario inferior, el maltrato físico, económico, emocional y/o verbal, solo por mencionar algunos ejemplos.

La Biblia es muy clara en cuanto al propósito por el cual la mujer fue creada:
•Para ser una ayuda idónea (Génesis 2:18)
•Para la gloria del varón (1 Corintios 11:7)

La misma Biblia también expresa cómo debe comportarse y qué actitud debe mostrar:
•Estar sujeta a su marido y respetarlo (Efesios 5:22-24 y 1 Timoteo 2:11)

Que la mujer esté sujeta al hombre no no implica que este se adueñe, apoderare, apropie, y le domine. Esta subordinación no es esclavitud, sino respeto. No es obediencia servil ni temor.

Muchas culturas se apoyan en textos como estos para afianzar el machismo y maltratar a la mujer.  Es incorrecto que se usen estos textos para exigir supremacía del hombre sobre la mujer. En todo caso, cabe resaltar la orden que Dios da a los maridos: “amar a sus esposas como Cristo amó a la iglesia, que dio su vida por ella”. (Efesios 5:25-27)

La mujer es un ser tan especial que Dios no la creó del polvo como al hombre, sino de la costilla de Adán. No la hizo del pie para que el hombre la pisoteara ni de la cabeza para que estuviera por encima de él; la hizo de su tronco para que la amara y la tuviera cerca de su corazón.

Jesús a través de su vida y ministerio demostró su amor por las mujeres y el valor inigualable que tienen para él. Nació de una humilde y joven mujer, de quien aprendió las lecciones más valiosas e importantes antes de desarrollar su ministerio. Fue amigo de prostitutas y adúlteras, en medio de una época donde esta clase de mujeres eran marginadas y apedreadas por causa de su estilo de vida. Estuvo pendiente de las necesidades físicas y emocionales de las mujeres de tal forma que muchos grandes y conmovedores milagros los realizó en favor de ellas. Jesús no escogió a mujeres dentro de sus 12 discípulos, pero tenía un grupo de fieles seguidoras que estuvieron con él mientras fue crucificado, que lloraron por su muerte y que fueron las primeras en verle resucitado. 

Tanto ama Jesús a la mujer que entregó su vida por ella. La amó hasta la cruz. 

miércoles, 9 de octubre de 2019

Carta de una hija de pastor

Hoy celebramos el día mundial del pastor adventista. Como hija y ahora esposa de pastor, en muchas ocasiones he pensado que lo más parecido a la familia ministerial es la realeza. ¡Déjenme explicarles antes de que me malinterpreten!

Muchas familias reales se fundamentan en que Dios les escogió para ser sus representantes en esta tierra, otras incluso alegan que son semidioses. Salvando las distancias, sin embargo, una familia ministerial se considera apartada por Dios para el sagrado ministerio.

Los hijos del pastor no elegimos el trabajo de nuestro padre (como ningún otro hijo lo hace) pero debemos trabajar con él. Se nos exige mantener una conducta intachable. Muchos hermanos olvidan que los hijos del pastor no son el pastor, son solo niños que juegan en sábado, que les gusta corretear por el patio de la iglesia, que no se contienen y hablan mientras su padre predica. Lo mismo ocurre con los hijos de la realeza, quienes asediados por la prensa, terminan mostrando conductas desenfrenadas en su adolescencia debido la carga emocional y las altas expectativas que recae sobre ellos. Solo hace falta ver un tabloide o revista de farándula para notarlo. 

¿Y qué decir de la esposa del pastor? Todos esperan que sea un ejemplo al vestir y al conducirse con los demás. Que sepa predicar, que toque un instrumento, que cante y sea buena cocinera. Si es muy callada la critican, si es muy activa la cuestionan, si se arregla bien la reprueban, si es descuidada al vestir la murmuran. 

Pero muy a pesar de todo, qué bendición tan grande tenemos los miembros de las familias ministeriales de juntos servir a Dios y su iglesia, siendo partícipes en la transformación de tantas vidas y la ganancia de almas para el reino de los cielos. ¡Ese es un gozo y un gran privilegio que  la realeza no puede disfrutar!

Hace unos años, cuando todavía era adolescente, escribí y leí una carta a cientos de pastores en un Concilio Ministerial de la División Interamericana de los Adventistas del Séptimo Día. Y hoy, en el marco de la celebración del día del pastor quiero recordarla. 

Querido papi: 
¡Si crees que ser pastor no es fácil es porque no han sido hija de pastor! Deberías aumentar mi mesada por todo lo que me corresponde hacer como hija de un ministro adventista. 
Quiero que sepas que mis hermanos y yo tenemos necesidades importantes que deben ser atendidas por mami y por ti, pues esto marcará nuestro éxito en la vida y te aseguro que será una bendición en tu ministerio. 
Papi, necesito que me dediques tiempo para conversar, para jugar y disfrutar la vida juntos. Que te preocupes por mi vida espiritual y te intereses en saber si estoy estudiando la Biblia, si saco tiempo para orar y compartir el evangelio con otras; tal como lo haces con tus miembros de iglesia.
Ahora que me estoy formando y carezco de estabilidad, necesito que me permitas ser miembro activo en una iglesia donde no sea la hija del pastor, donde los ojos no estén puestos sobre mí. Una iglesia con la que me sienta identificada y donde  pueda disfrutar de una vida eclesiástica armoniosa al relacionarme con amigos y hermanos, participando de actividades tanto espirituales como sociales que fortalezcan mi carácter.

Quiero que me estimules en los estudios, que me ayudes a desarrollar mis habilidades, permitiéndome participar en clases de artes, idiomas o deportes; de esta manera aumentarán mis talentos y conocimientos para contribuir a la obra de Cristo.

Aunque a veces sea rebelde y delante de los hermanos te haga rabietas, quiero que sepas que estoy interesada en que seas un pastor exitoso, me gustaría que me tomes en cuenta y que me consideres parte de tu ministerio. 

Queridos papi, que se diga de ti, tal como dice la Biblia de Abraham: “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio.” 
Que Dios bendiga tu ministerio y que lleves muchos frutos para su honra y su gloria. 

lunes, 5 de agosto de 2019

365 días junto al amor de mi vida


Hoy es mi primer aniversario de bodas y lo celebro enumerando algunas de las lecciones más valiosas que he aprendido en esta hermosa y desafiante etapa. Estos 365 días  me han hecho entender de una vez por todas que la concepción que tenemos sobre el amor, ese amor romántico fundamentado en sentimientos no es lo suficientemente sólido para sostener un matrimonio y que el verdadero amor no nace de cómo el otro merece ser tratado, sino de la manifestación de la gracia de Dios en nuestras vidas.

1. Las historias de amor no terminan con un "fueron felices para siempre''; ahí es realmente cuando todo comienza. La felicidad no se consigue en un instante y permanece para siempre; se construye día a día con pequeñas acciones. No hay secretos ni trucos para un matrimonio feliz, no se trata de que algunos tienen suerte en el amor y otros no. La vida conyugal es como la vida cristiana, de constante crecimiento; y si el Espíritu Santo no habita en nuestros corazones, nada podrá darnos plenitud.


2.Un gran hombre sí te hará llorar. Precisamente inauguré este blog con el artículo Un gran hombre y 10 años años después entendí que a menos que seamos de palo, piedra, plomo o madera; por más buena que sea nuestra pareja, en algún momento lloraremos. Lloraremos de felicidad, lloraremos de la risa hasta sentir que se saldrán las tripas, de nostalgia, de dolor, llorar por las pérdidas y por los fracasos. En la vida no todo es color de rosas, y si eres melancólico como yo, entonces disfrutarás llorar cuando tus ojos sean los únicos capaces de expresar lo que tu corazón siente. Claro, te aseguro que al lado de un gran hombre no tendrás que llorar por maltrato, por abandono, irresponsabilidad, falta de compromiso o infidelidad.


3. No siempre hay flores ni bombones. Soy amante de las flores y me cortejaron con ellas. Pero en algunas ocasiones no hay flores que valgan encontrar la cena lista y servida o la ropa lavada y doblada, al llegar a casa luego de un arduo día de trabajo.


4. Por más acuerdos que hagan antes de casarse, muchas veces saber callar en medio de una discusión o buscar el entendimiento más que la razón será la mejor forma de cumplir el contrato pre-nupcial.


5. No te convertirás en mejor persona solo por casarte ni se resolverán todos tus problemas... sino pregúntale a mi madre terapeuta. No desaparecerá ese sentimiento de soledad solo por adoptar otro apellido, porque esa soledad que sientes es de otro tipo. Ningún ser humano nos puede amar en la manera que anhelamos ser amados; simplemente no es posible que otra persona supla nuestra carencia espiritual que solo Dios puede saciar.

6. Si crees que estar soltero es una dura prueba, créeme que casarse es una prueba superior. No me mal interpreten, este año ha sido fantástico, el matrimonio es hermoso. El libro El matrimonio sagrado, de Gary Thomas plantea que a través de la vida en pareja Dios purifica nuestro carácter. Cada día tengo una muchas razones de peso para pedirle a Dios que transforme mi tosco y egoísta corazón.

7. Cásate cuando seas feliz y no para ser feliz. Muchos se casan por presión social, otros por miedo a la soledad, algunos se casan para disminuir los gastos, otros porque quieren tener relaciones sexuales en el marco legítimo. Lo que quiero decir es, cásate con la persona correcta, en el momento correcto, por las razones correctas y de la forma correcta.


8. Para mis amigas delgadas que las han consolado diciendo que luego del matrimonio ganarán esas libritas que tanto desean: casarse no engorda, así que mejor prueben con otras dietas.


9. El hombre y la mujer se complementan armoniosamente. Todas las teorías de la ideología de género se caen ante la hermosa unión de un hombre y una mujer que disfrutan los roles asignados por Dios y se complacen en vivir bajo los principios de santidad en el hogar.

10.Y gracias a todos por resistirse a preguntarnos: ¿y los hijos pa' cuando? Sigan cooperando que así todos somos felices.


Y ya, que si continúo dando consejos le voy a quitar el trabajo a mami y ustedes cambiarán el nombre de mi blog por el del programa radial Restauremos la familia.

miércoles, 17 de julio de 2019

Cuando el pastor Bullón me mandó a callar

Foto: Blog Escogidas para servir 

-¡Silencio, Laura! ¡Silencio!

Dábamos cobertura a una conferencia evangelística presentada por el pastor Alejandro Bullón, una de las figuras más emblemáticas de la iglesia adventista en hispanoamérica. 

Luego de la última presentación, el equipo de trabajo se reunió para cenar y agradecer a Dios por el éxito otorgado en aquel esfuerzo misionero. Mientras disfrutábamos de los alimentos, Susana, una de mis compañeras de trabajo, solicitó al pastor Bullón grabar en una nota de voz la invitación a otra concentración evangelística que él impartía en otra región  del país. El pastor accedió gustosamente y pidió a los invitados hacer silencio para grabar el anuncio con la mayor nitidez, pese a las condiciones.

Cuando el pastor solicitó absoluto silencio, como es usual entre los dominicanos, algunos silbaron y otros como yo hicieron más ruido intentando callar a quienes estaban hablando. De repente entre los silbidos y murmullos escuché la inconfundible voz del pastor decir:
-¡Silencio, Laura! ¡Silencio!

Su voz cálida y a la vez firme, apacible pero con autoridad, me empequeñeció instantáneamente. Quería hacerme invisible y desaparecer. No sabía a dónde meter la cara. Agradecí la escasa iluminación que ocultaba algunas expresiones faciales, como por ejemplo, mi cara ruborizada. Ya que no podía salir corriendo, disimulé mi vergüenza, respiré profundo y traté de mantener la compostura. 

Al finalizar el encuentro, mientras nos despedíamos, el pastor Bullón se me acercó, me miró fijamente y me volvió a decir: 
-¡Silencio, Laura! ¡Silencio!

Sus brevísimas palabras fueron un elocuente consejo y corrección. Sí, soy de quienes hablan y hablan y olvidan escuchar. De quienes se arrepienten de haber hablado sin haber pensado. Soy de aquellos que se lamentan haber dicho palabras inapropiadas. Necesito aprender a hacer silencio incluso ante la presencia de Dios. 

Con sus breves palabras, el pastor me estaba dando una muestra de sabiduría e integridad: "Aun el necio, cuando calla, es tenido por sabio; el que cierra sus labios es inteligente". (Proverbios 17:2)

Dios me ayude cada día a abrir mi boca con sabiduría.