miércoles, 26 de mayo de 2021

Marca personal y reputación digital

Consciente o inconscientemente todos tenemos una marca personal, se trata de un asunto clave en la sociedad contemporánea. La marca personal consiste en el grado de conocimiento, prestigio y opinión que los demás tienen sobre una persona. El término marca personal comenzó a utilizarse para referirse al uso de principios de marketing y publicidad de productos y empresas, pero con las personas. Y se popularizó con la explosión de las redes sociales. 

Viene a mi mente un relato registrado en Mateo 16:13-17 donde Jesús pregunta a sus discípulos sobre la percepción que la gente tenía sobre él. Me imagino al Maestro preocupado por su reputación, cuando pregunta: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?» Ellos respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, que es Elías; y otros, que es Jeremías o alguno de los profetas.» Él les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» Simón Pedro respondió: «¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!». 

Al construir nuestra marca personal puede que nos preocupe la percepción que los demás tienen sobre nosotros. Pero no debemos dejar que esto guie nuestra vida. Para Jesús era importante lo que otros decían de él, pero esto no le detuvo de cumplir su misión. Al final la gente tendrá precepciones muy distintas de nosotros, algunos tendrán una buena imagen otros una imagen deficiente, no obstante, eso no define quiénes somos.  

En la construcción de nuestra reputación muchas veces nos obsesionamos con realizar un trabajo que pueda ser reconocido y aplaudido por todos, sin embargo, en nuestras manos está elegir si queremos trabajar para ser importantes para los otros o ser importantes para el Reino de Dios.  

Finalmente, ¿estás afanado en construir tu marca personal o te afanas por construir la marca del Reino de los cielos? Jesús sabía que la loca carrera de esta vida podría desviar nuestra atención de lo que es realmente importante, por eso nos invita: ‘‘Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas’’. (Mateo 6:33) 

Hoy te animo a que te preocupes por construir y acercar el reino de los cielos a quienes no lo conocen.  





viernes, 30 de abril de 2021

¿Qué es rendirse?



En la búsqueda de la realización personal hemos llegado a pensar que rendirse en solo para perdedores.
Sin embargo, en la vida cristiana, rendirse es...

  • Abandonarse en los brazos de Jesús.
  • Es confiar en las promesas de Dios aunque no se tenga un ápice de señal.
  • Rendirse es renunciar a sus derechos y dejar que Cristo gobierne la vida.
  • Es creer que Dios cumplirá su Palabra.
  • Rendirse es renunciar a cada uno de sus sueños para vivir los sueños de Dios.
  • Es abandonarse en las benevolentes manos del Salvador.
  • Al rendirse no se toman decisiones sin orar.
  • Rendirse es dedicarle las mejores horas del día a Dios.
  • Cuando nos rendimos nos olvidamos de un plan B, aprendemos a confiar en Dios como un niño pequeño confía en su madre.
  • Es iniciar y finalizar cada día en comunión con Dios.
  • Rendirse es obedecer aun cuando lo que Dios hace carece de sentido.
  • Rendirse es adorar sin reservas, amar sin reservas, crecer sin reservas y servir sin reservas.
  • Es dejar de complacer los caprichos, gustos y deseos. Dejar de ser un niño mimado y convertirse en un siervo útil.
  • Rendirse es refrenar la lengua. No decir nada ofensivo, no quejarse ni defenderse aún cuando se tiene la razón.
  • Es negarse a uno mismo, tomar la cruz de Cristo y seguirle.
  • Es darlo todo por el evangelio.
  • Rendirse es someterse a la autoridad de Dios.
  • Es vivir una vida de pureza y santidad en un mundo de pecado.
En una sociedad donde nos enseñan a nunca rendirnos, yo me rindo a ti, Jesús. En un mundo donde rendirse no es una opción. Rendirme a ti, Cristo, es mi única salida. Hoy quiero decir como el apóstol Pablo: ''Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí''. (Gálatas 2:20)

Para ti, qué es rendirse?

lunes, 29 de marzo de 2021

En busca del éxito

El hombre posmoderno va hacia una búsqueda apresurada, a veces irracional y hasta desmedida del éxito.

La mayoría de oradores motivacionales coinciden con que el éxito es la consecución de metas y proyectos trazados. Sin embargo, aunque hemos aceptado esta definición, en el fondo la mayoría creemos que el éxito está asociado a la popularidad, el poder, la influencia, el dinero y la belleza.

Pero los cristianos somos llamados a "no amoldarnos al mundo actual, sino ser transformados mediante la renovación de nuestra mente. Así podremos comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta". (Romanos 12:2)

El éxito en la vida cristiana no es un fin. La vida en esta tierra no consiste en alcanzar el éxito, sino en vivir con propósitos para la gloria de Dios, se trata de una completa sumisión de nuestra voluntad a la voluntad de Dios. Llegar a decir como el apóstol Pablo: "Ya no vivo yo, Cristo vive en mí". (Gálatas 2:20) "Todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo". (Filipenses 3:8)
Pablo, un hombre que a los ojos humanos podría parecer exitoso. Primero por ser un maestro de la ley, con una reputación incuestionable, poderoso, influyente, perteneciente a una de las castas más altas entre los judíos. Quien al hacerse cristiano perdió esa envestidura, pero se convirtió, en el más grande misionero entre los apóstoles, el que más libros del Nuevo Testamento escribió y el que viajó a más países entre Asia y Europa. Quien tuvo la oportunidad de predicar ante altos gobernantes, reyes e intelectuales seculares. Él sí que podía presumir de su éxito, pero lo tenía todo por estiércol.

Si tienes recursos económicos y con ellos no eres capaz de ayudar a tu prójimo, has fracasado. Si te la pasas estudiando y de una forma no compartes eso que sabes, has fracasado. Si te la pasas en competencia o comparándose con otros, has fracasado. Si lo tuyo es invertir en tu negocio y proyectar tu marca personal más que cualquier otra cosa, has fracasado. Incluso si predicas pero buscas cámaras, seguidores y likes, has fracasado.

Si has construido un proyecto de vida y buscas a Dios solo para que bendiga tus planes y no te sometes a su voluntad, has fracasado. Si ves a Dios como un amuleto de buena suerte y no como el dueño de tu vida y futuro, has fracasado. Si no sometes tus planes a los planes de Dios, has fracasado.

Te animo a elegir a Dios en primer lugar. Pero no es cosa fácil, cada día hay que renunciar a nuestros deseos para mantener el enfoque. Para eso hay que tener una relación con Dios, una relación real y significativa. Se trata de invertir nuestro tiempo en una relación con Dios dónde le escuchemos y hablemos con sinceridad y seriedad.

Pregúntate:

¿Estoy donde Dios me ha ordenado que esté?

¿Lo que hago lo hago para gloria de Dios?

¿Dios es el centro de mi vida y mis afectos?

¿Deseo más la vida en la eternidad que cualquier otra cosa?

¿Vivo para mis propios deseos o me importa más agradar a Dios en todo?

Si no tienes respuestas claras a estas preguntas, y bueno, si las tienes y todas son no, entonces te invito a hacer la oración de Jesús en el Monte de los Olivos antes de ir a la cruz: "Que no sea conforme a lo que yo quiero sino tu voluntad".

Finalmente, "La mente, el corazón, la voluntad y los afectos pertenecen a Dios; y el dinero que poseemos es del Señor. Todo bien que recibimos y que disfrutamos es el resultado de la benevolencia divina. Dios es el magnánimo dador de todo bien y él desea que el receptor reconozca la procedencia de esos dones que satisfacen toda necesidad del cuerpo y del alma". (Consejos sobre mayordomía cristiana, p.72)


viernes, 18 de diciembre de 2020

Le dije adiós a las dietas para engordar

-¡Pero qué flaquita eres, pareces una muñeca María Palito!

-¡Uff! con lo flaca que eres puedes comer todo lo que quieras sin cuidarte de nada. 

-Yo a tu edad era así de delgada y mira ahora cómo estoy.

-Deberías comer un chin más a ver si consigues algunas libras. 

-¿Y para qué comes ensaladas si estás en la línea?

-Pero no te preocupes, cuando tengas hijos vas a echar unas libritas. 

Estos son algunos de los comentarios que con frecuencia hacen sobre mi peso, en una cultura que percibe las pocas libras como enfermedad y considera la belleza en cuerpos voluptuosos. (Creo que nací en el país equivocado😎) 

Tengo 30 años, mido 5'2'' y con mucho esfuerzo llego a las 100 libras. ¿Cuál es el secreto? ¡Ninguno! Simplemente los genes. Durante mucho tiempo me preguntaba porqué no aumentaba de peso como la mayoría de las mujeres de mi edad, así que impulsada por los constantes comentarios y una gran curiosidad, me puse a inventar con toda clase de dietas para engordar. Sí, el ser humano es así de inconforme. Los altos quisieran tener menor tamaño, los delgados más libras, los de pelo lacio, rizado y viceversa. He llegado a creer que mientras más inconformes estamos con nuestro cuerpo, más despreciamos la obra de arte que Dios hizo al crearnos. 

Ciertamente no elegimos nuestro cuerpo, el color de nuestra piel, la textura del pelo ni nuestro tamaño o medidas, y se nos dificulta amar algo que no elegimos, pero despreciarlo o querer cambiarlo simplemente porque no cumple con los estándares estéticos de la época, es una señal de poco amor hacia nosotros mismos y de desprecio hacia la creación de Dios. 

Por feos, gordos, canillúes y moños malos que seamos, todos absolutamente todos fuimos tejidos en el vientre de nuestra madre por la mismísima mano de Dios. (Salmo 139:13) Claro, no podemos ignorar que el pecado ha marcado incluso nuestros cuerpos, ya que el diseño original de Dios era sin defecto alguno. 

Considerar a Dios como nuestro creador nos da una perspectiva distinta de nuestro cuerpo: 
  • Apreciaríamos más la diversidad.
  • Descubriríamos la belleza de nuestro cuerpo natural y si adornos.
  • No nos quejaríamos tanto del cuerpo que nos ha tocado.
  • Amaríamos esas particularidades que tanto despreciamos y que nos distinguen de los demás.
  • Resistiríamos la presión de las medidas y estándares de belleza.
  • Estaríamos más agradecidos con nuestro cuerpo y salud.
  • Procuraríamos estar en salud tanto como vernos bien.
  • No nos compararíamos con otros.
  • Disfrutaríamos los cambios que vienen con los años, descubriendo la belleza que trae cada etapa.
No se trata de presumir de nuestro cuerpo o tener una sobrevalorada precepción de nuestra figura, se trata de aceptar cómo nos vemos, apreciar nuestro físico, cuidar de él con esmero y agradecer a Dios porque somos parte de su maravillosa creación.

La Biblia dice que cuando Cristo vuelva por segunda vez nuestros cuerpos serán transformados: ''En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final; pues la trompeta sonará y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. (1 Corintios 15:52 y 53). 

Mi abuela Laura bromea diciendo que tendrá ojos azules y una larga cabellera rubia. 😜Finalmente el cuerpo no será un problema para nosotros, ya no tendremos enfermedades ni complejos, no habrá sobrepeso ni baja estatura que nos haga sentir inferior. Podremos vernos tal como Dios nos mira. Pero sobre todo, entenderemos a plenitud lo vana que es la hermosura, (Proverbios 31:30) 
¿por qué no ponerlo en práctica desde ahora?

Así que después de varios años intentando aumentar de peso, bebiendo batida de espagueti, jugo de trigo, proteína de soya, malta con leche condensada y haciendo toda clase de malabares para subir de peso, me di por vencida y le dije adiós a las dietas para engordar.

lunes, 30 de noviembre de 2020

Las manos de una guerrera

Miró mis manos, las comparó con las suyas y me dijo: 

-Que hermosas manos tienes, las manos de una verdadera mujer, porque las mías son tan horribles y están llenas de callos. 

Quedé sin palabras y alguien más respondió por mí:

-¡Tus manos son las manos de una guerrera!

Me sentí culpable de ser afortunada. Esa sensación que me acompaña cuando estoy en contacto con una persona cuyas circunstancias han sido difíciles y cuya historia es desgarradora. 

¡Sí, culpable! Porque no he hecho absolutamente nada para tener la vida que tengo y peor aún, porque hago muy poco para combatir la injusticia en el mundo. ¡Culpable!... esas pudieron haber sido mis manos y mi historia. 

Me contó su historia, una llena de sufrimiento, violencia y abusos. Me contó como fue explotada por personas despiadadas que han olvidado la dignidad con la que ha sido creado cada ser humano.  Se me hizo un nudo en la garganta. Y aunque no suelo llorar, cada vez que como periodista tengo que escuchar una historia de dolor como esta, mi corazón se rompe en pequeños pedazos. Incluso a veces pregunto, tal como lo hizo el profeta Habacuc, "¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás? (Habacuc 1:2)

A veces siento que el reino del mal prevalece, que el malo nunca tendrá su paga y que la injusticia reinará sobre los más vulnerables. Pero luego recuerdo la promesa bíblica: "Dios juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con rectitud. Jehová será refugio del pobre, refugio para el tiempo de angustia". (Salmos 9:8‭-‬9) 

Me miró con sus ojos grandes y redondos, llenos de ilusiones y sueños. Ojos que miran el futuro con esperanza, no cuestionan el obrar de Dios y continúan confiando en el amor y la providencia divina.  Ojalá pueda desarrollar esa clase de fe, esa resiliencia y confianza en el amor de Dios. 

Nos despedimos y sigo con la imagen de sus manos, las manos de una guerrera. 

jueves, 1 de octubre de 2020

Cinco lecciones que aprendí del distanciamiento físico

Debo reconocer que he sido muy rigurosa al cumplir con las medidas de distanciamiento físico. Las razones son de conciencia y disciplina más que por pánico o miedo a la enfermedad. 

Como continúo trabajando de forma remota, mis salidas son muy reducidas y se circunscriben a diligencias y actividades esenciales donde se requiera mi presencia de forma obligatoria.

Quiere decir que desde el sábado 14 de marzo hasta el día de hoy no he abrazado a mis familiares, no he tenido salidas recreativas junto a mis amigos, jamás he vuelto a un restaurante, he tenido que contemplar desde lejos a mis seres queridos, no he podido saludar con calidez a mis hermanos en la iglesia, no he recibido visitas en casa ni he podido cargar a mi sobrina que nació hace ya cinco meses. Así que a través de la tecnología he tenido que mantener el contacto, lo cual me hace sentir como si me hubiera mudado a otro continente. Y por supuesto que esto me ha enseñado lecciones invaluables que escribo para no olvidar. 

1. Se necesita muy poco para ser feliz y estar bien. Vivimos en una carrera constante por comprar el último modelo de celular, nos afanamos por un guardarropa a la moda, comprar un nuevo automóvil, llenar la casa de corotos, complacernos con juguetes de última tecnología, tener un cuerpo más bonito que sano y por supuesto presumir de nuestros viajes en las redes sociales. Y nada de esto le da plenitud ni sentido a vida. Al estar en casa, mis gastos se han reducido al mínimo y debo admitir que he necesitado muy poco para estar bien. Quisiera como el apóstol Pablo poder decir: “He aprendido a contentarme cualquiera sea mi situación”. (Filipenses 4:11-13)

2. El valor del contacto físico. Extraño los abrazos de mis padres, pararme en la puerta de la iglesia y saludar a todos, sentarme en la mesa junto a mis seres queridos y jugar con mis sobrinitos. Las caricias, las miradas y el contacto físico nunca podrán ser remplazados. Espero no olvidarlo cuando volvamos a reunirnos y me sienta tentada con un dispositivo móvil frente a mi. 

3. Estar atento a las necesidades de los demás. Algo tan sencillo como una oración intercesora, un mensajito de texto, una llamada telefónica; en fin, estar pendiente de quienes nos rodean, especialmente de los más vulnerables. Dejar de pensar tanto en nosotros mismos y nuestros problemas para concentrarnos en otros e intentar aliviar sus cargas. 

4. La temporalidad de nuestras relaciones. Nadie nos pertenece y ninguna relación dura para siempre. Los hijos crecen y se van del hogar, nuestra pareja a quien juramos amor eterno algún día fallecerá, si no es que fallecemos nosotros primero. Los amigos se distancian y las personas que alguna vez fueron significativas y muy cercanas dejan de serlo. Y esto me ha llevado a confirmar que...

5. Solo Cristo basta. Establecer un vínculo de intimidad, una relación significativa, encontrar en él nuestra identidad, depender de él, descubrir en su presencia que es el único que puede dar plenitud y sentido a la vida, el único capaz de suplir todas nuestras necesidades emocionales y llenar nuestro sentido de pertenencia. Construir una relación capaz de enfrentar cualquier obstáculo y perseverar en ello hasta que se cumpla la promesa de su segundo regreso. 

Agradezco a Dios por los abrazos dados y recibidos, las comidas con los seres queridos, las risas y lágrimas compartidas y los momentos vividos. Porque al final, seremos conocidos por cómo amamos, esto es lo más importante en la vida y lo único que nos llevamos hasta la tumba. 

jueves, 13 de agosto de 2020

Una oración constante

Mi padre es un hombre de Dios, un hombre de oración: crecí viéndolo en el mismo rincón de su habitación orando por mucho tiempo hasta quedar dormido. 😴 Desde que mis hermanos y yo nos hicimos adolescentes mi padre comenzó a orar por quienes serían nuestras parejas.

Mi padre es sincero y franco, al hablar y actuar no tiene dobleces. Es muy sabio y tiene una especialidad en resolver conflictos, sus amigos, familiares y conocidos lo buscan para que sea mediador ente ellos. Pa no sabe tener enemigos, y aunque en su juventud fue caco caliente y en su trabajo ha sido muy enérgico con su controvertida visión, tiene la capacidad de perdonar como un niño. Su mala memoria le favorece mucho.

Pa es un verdadero discípulo, decidió dejar los negocios de su padre y rechazó muy buenas ofertas de trabajo para convertirse en pastor y dedicarse al ministerio. Yo me lleno de admiración al pensar en esto.

Mi papá es consentidor, fue mi primer admirador y mi primer corrector de textos. Es juguetón, cariñoso y muy emotivo. Mi padre no tiene vergüenza de llorar, de decir te amo, de admitir que admira a alguien, de abrazar y besar a quienes ama. Recuerdo que cuando era niña le encantaba jugar conmigo a las muñecas. Cuidaba de mí y de mis hermanos durante la noche, hizo un trato con mami de que ella nos atendería de día y él durante la noche. Lo recuerdo yendo a mi habitación cuchumil veces para llevarme un vaso de agua, dejarme la luz encendida porque le temía a la oscuridad y orando conmigo cuando tenía pesadillas. Además de que cada noche era quien nos leía la historia bíblica antes de irnos a la cama y ese para mí era el mejor momento del día; pero cuando estaba muy cansado nos ponía un cassette de “Las bellas historias de la Biblia” y era el primero en dormirse. 😂

Papi es un lector voraz, de él heredé mi amor por los libros: tanto escribir como leer; es una máquina de ideas y un escritor muy versátil. Mi padre es polifacético, en sus más de 30 años de profesión se ha desempeñado como Ingeniero agropecuario, maestro, pastor y pretende jubilarse como terapeuta sexual.🤪 Él dice que la vida es muy corta para dedicarse a una sola carrera. Mi padre es muy apasionado en lo que hace y está comprometido en formar a otros y dejar un legado. Es un líder natural y se le da muy bien guiar a otros.

A mi padre le gusta ayudar a quienes menos tienen, lo he visto crear los proyectos más creativos para beneficiar a los demás. Mi padre es un hombre humilde, no tarda en reconocer cuando se equivoca y pedir perdón. No le interesan los cargos ni el protagonismo.
Yo lo admiro y respeto porque es un padre fuera de serie.

Mi papá es el padre que da las mejores pelas. Se sienta contigo, te explica lo que hiciste mal, destaca varias cualidades positivas que ve en ti, luego te da tres suaves correazos en las piernas sin dejarte marcas ni moretones. Y finalmente, te da un abrazo y te recuerda lo mucho que te ama. Como comprenderán mis hermanos y yo preferíamos que él nos disciplinara.😬 Terminábamos de risas y abrazos.

Con mucha determinación me enseñó a estudiar la Biblia y a orar, a tener una relación con Dios sincera y profunda. Escuchaba mis luchas espirituales y nunca me juzgaba, todo lo contrario, me compartía las suyas y me animaba a confiar en Dios y entregarle mis cargas a Él. También me enseñó a predicar, a preparar sermones y a escribir devocionales. 📖

Mi papá es idealista, lucha para cambiar al mundo y espera siempre lo mejor de las personas. Es un hombre de discursos y siempre tiene una máxima para destacar alguna lección. Mi padre es tan pero tan paciente que es difícil sacarlo de control. 🙃

De mi padre aprendí a decir te amo, a ver en todos cualidades positivas, a debatir las ideas sin atacar a las personas, a no quejarme si mi mal tiene o no tiene remedio; aprendí que los hermanos no se pelean, a hacer todo lo que me venga a la mano y a dejar que Dios dirija mi vida.

Hoy es su cumpleaños 63 y le rindo homenaje haciendo lo que mejor me enseñó a hacer: orar. Pido a Dios para que le dé sabiduría y gracia. 🙏🏽